miércoles, 5 de agosto de 2020

Coser una vorágine - Regina Salcedo: En búsqueda de la nueva civilización perdida



La ciencia ficción es un campo literario que permite desarrollar una reflexión sobre la ciencia venidera, tanto a nivel social como tecnológico, pero también es una reinterpretación de la sociología, antropología o psicología humana. Desde el campo de la llamada ciencia ficción hard, pasando por la visión más soft o blanda, cientos de escritores han expuesto sus ideales y visiones relacionadas con el ser humano, tanto su expansión por el cosmos presente como un intenso análisis del mundo interior de cada persona. Dentro de este panorama, la antropología actúa como un fiel reflejo de lo que representa, idealiza y desarrolla una sociedad humana específica: sus ideales, valores y creencias.

La antropología permite estudiar las múltiples culturas reinantes en el mundo, que han ido transmutando a lo largo del devenir de los siglos, y que es un lienzo donde se presenta la riqueza humana. Esta vertiente científica ha sido explorada por múltiples autores que abandonaron la versión más técnica de la ciencia ficción. No nos olvidemos de autores como Norman Spinrad, Chad Oliver, Ursula K. Le Guin o incluso J. G. Ballard, donde destacan obras suyas como Crash, una obra que actúa como una meditación lisérgica sobre la relación entre el deseo sexual y los coches. 

A pesar de ello, la ciencia ficción antropológica se ha concebido como un "fenómeno de finales del siglo XX", pero sus pilares se pueden observar más atrás en la historia, en figuras como la del británico H. G. Wells (1866-1946) y su historia "The Grisly Folk". Hoy en día, esta singular vertiente sigue nutriéndose de diversas obras. De entre ellas, vamos a abordar la novela de Regina Salcedo, Coser una vorágine, editada por Apache Libros Editorial, y que actúa como un híbrido entre esta corriente y la fantasía más pura. 

Regina Salcedo es una escritora que perfila un deseo por la esencia humana. Tras especializarse en Poesía Contemporánea de la mano de José María Guelbenzu, comenzó a impartir talleres de escritura creativa, lo que le ha permitido desarrollar un cuidado estilo, a la hora de narrar secuencias y expresar diferentes emociones, que favorezcan la representación real de los personajes. En esta novela, la autora aúna su pasión por la antropología a la hora de estructurar una historia en la cual se genera un contacto entre uestra realidad y un reflejo de ésta, basado en una mezcolanza de culturas, las cuales están hibridadas entre sí, y en un estado mayor de regresión que el presenta nuestros tiempos. Debido a una fisura en el espacio-tiempo, generada por un astrofísico del otro mundo, conocido como Geb, nuestra protagonista, Ima, una mujer del siglo XXI que se encuentra en una Tierra que experimenta ciertos avances considerables en cuanto a tecnología, se verá arrastrada a una realidad completamente desconocida, con unos idiomas, expresiones, flora y fauna desconocidas, pero similares. 

Muy al estilo de Lewis Carroll y su Alicia en el País de las Maravillas, somos espectadores del descenso que experimenta la protagonista a este mundo extraño y singular, donde predominan los archipiélagos y las islas (esquema que recuerda al Ciclo de Terramar de K. Leguin), existe una extraña profecía que se ajusta a su venida, y donde se han desarrollado nuevas razas humanas (bastante vinculadas con los felinos y caninos) tras un acontecimiento único, la caída al mundo de “La Gran Máquina”, un enigma que se mantiene a lo largo de la novela, siendo uno de los ejes que sirve para que la novela avance, debido a la búsqueda de los fragmentos perdidos de esta extraña tecnología. 

Ilustración de J. M. W. Turner

Así pues, el lector conoce el propio “País de las Maravillas” de la autora, que se irá desgranando a través de múltiples detalles. A partir de este momento, se generan una serie de situaciones que desembocaran en la pericia de que Ima retorne a su hogar, recibiendo ayuda de una variopinta gama de personajes, los cuales van adquiriendo profundidad conforme avanza la novela, reflejando sus deseos, virtudes o emociones. 

Quizás uno de los puntos fuertes de la novela sea esto mismo: la riqueza cultural que expone la autora, y que va aportando pinceladas de él, al fusionar múltiples elementos sociales. Y esto mismo sirve de engranaje para que la acción continúe, impulsando un mundo poético y bello, que embelesa al lector al estilo de Lord Dunsany y su obra Los dioses de Pegãna (1905). A pesar de ello, la vitalidad de la obra decrece en varias ocasiones, llegando incluso a varios deus ex machina para que la historia continúe, pues en determinadas escenas se llega a un callejón sin salida, y la autora sale airosa aportando un detalle nuevo de ese singular imaginarium para salir del enredo expuesto, ya sea una habilidad especial que presenta alguno de los protagonistas (debido a que las personas y razas del mundo de Geb se pueden especializar en diversos clanes, centrados en la intuición, la chamanería, etc.) , o una revelación esclarecedora, lo que puede llevar a un desengaño en varios momentos, por el sencillo motivo de romper con las reglas "aportadas" en un principio, y luego reescribirlas para que la narración continúe el rumbo deseado.


Ilustración de François de Nomé

Sin embargo, todo lo anterior se mantiene en cierta sintonía y orden, acompañado de una sucesión de múltiples aventuras que hacen que los personajes principales se desplacen por diversas localidades, islas y archipiélagos. Esto es un arma de doble filo, pues permite descubrir una gran suma de elementos del worldbuilding desarrollado por la escritora, donde se expone el gran trabajo de estructura elaborado por el autor y que sirve de carta de invitación al lector, pero puede llegar a ser pesado si la acción se centra en un contaste desplazamiento de los personajes, quienes juegan papeles diversos a través de múltiples hazañas, desde partidas de ajedrez imposibles, ataques navales o ritos chamanes. Lo que lleva a perder el cauce inicial de la obra, el objetivo principal. A pesar de ello, Regina consigue mantener la batuta entre estos elementos, buscando, cada cierto tiempo, dar un efecto inesperado a los acontecimientos, para avivar la lectura, unido a esas descripciones exquisitas de paisajes, edificaciones, navíos… 

El estilo narrativo es uno de los puntos fuertes de la autora, que edulcora la lectura y la convierten en un ejercicio placentero y agradable, con frases muy poéticas que ahondan en temas tan cercanos como la familia, el amor, la amistad o la pérdida. Ejemplos comparativos de la forma de narrar podrían ser los de Sato Haro o Anna Wu, un estilo equilibrado, con ciertos tonos cómicos, y rico en expresiones y detalles que atrapan al lector. 

Así pues, Coser una vorágine es un “Alicia en el País de las Maravillas” moderno, singular y profundo, que emana riqueza y aprecio por la historia de la humanidad. Un retorno a las fantasías narradas por Lord Dunsany, derrochando una imaginación exuberante. A pesar de algunos altibajos narrativos, la trama general fluye permitiendo cerrar una obra heredera de la fantasía y la ciencia ficción antropológica. 

1 comentario:

  1. Hola!
    Acaban de pasarme el enlace al blog. Muchísimas gracias por tu atenta lectura y tu profunda valoración! Me encantaría comentar muchas cosas, pero no creo que este sea el lugar; no quisiera dar la impresión de que vengo a justificar o defender ciertos aspectos de mi obra ;)
    Lo dicho, mil gracias por esta completísima reseña, me alegra un montón que hayas disfrutado de la novela y que hayas encontrado tantas cosas válidas en ella.
    Un abrazo!

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