• "Bienvenido a mi morada. Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae." -Drácula
  • Sherlock Holmes, aquel que todos recordamos, poco o nada tiene que ver con lo sobrenatural. Mas, no es infrecuente enfrentar a Holmes contra lo extraño, lo mágico y lo inexplicable… He aquí algunas obras.
  • " Randall Flagg es, en resumen, un villano creado por Stephen King capaz de hacernos sentir cierta simpatía, y de conseguir que nos preguntemos, si es que nos atrevemos a hacerlo, qué porcentaje de villano hay en nosotros mismos."
  • "Si una idea —o algo más grande— se niega a ser desarrollada, hay que tratar de alterar el enfoque o incluso la forma: si no crece como una historia corta, puede ser un poema..."

miércoles, 9 de septiembre de 2020

La Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror relanza su nombre histórico

Este lanzamiento busca promover el nombre histórico de la AEFCFT: «Pórtico», en desuso en los últimos años, con la finalidad de aplicar un término sencillo, identificable y cargado de historia, recuerdos e ilusión, alineándolo con una identidad visual adaptada a los nuevos tiempos de la asociación y de la ficción especulativa. Así pues, se ha diseñado un nuevo logo, por parte de Laura Soriano y L.J. Salart, que se asemeja a un portal como símbolo de todos los géneros englobados en la asociación: fantasía, ciencia ficción y terror. 

Igualmente, y desde el punto de vista técnico, la AEFCFT ha comentado que esta nueva identidad permite integrar distintas aplicaciones de la asociación, tanto de cara a sus publicaciones (las antologías Visiones, Fabricantes de Sueños y Sólo para Socios), como para sus actos o eventos (Hispacon), y para los diferentes premios que se otorguen (Premio Ignotus, Domingo Santos, Gabriel y el Matilde Horne). 

En palabras de Blanca Rodríguez, Presidenta de Pórtico:

«El nuevo logo fortalece la imagen de nuestra asociación, ofreciendo un concepto visual unificado, reconocible y moderno. Transmite con claridad la idea de una comunidad colaborativa en un mundo como el actual que se caracteriza por su enorme diversidad. Con él, en definitiva, queremos que todos los géneros literarios englobados en la asociación se vean representados». 

Un cambio que sirve para reinventar y perpetuar el cariño por esta asociación que tiene la nueva junta directiva, buscando potenciar y promocionar el género fantástico.

viernes, 14 de agosto de 2020

Tóxikas - Pilar Pedraza: Fragmentos de carne inerte


Antes de nada, me permitirás, querido lector, un más que necesario inciso de lo que, genésica y cerebralmente hablando, ha supuesto —para mí— la lectura del último libro de la gran escritora Pilar Pedraza, Tóxikas —editado por Cazador de Ratas Editorial—: antología compuesta por una docena de relatos en donde la carne degenera en algo terrorífico, cuasi monstruoso —de manera extremadamente gráfica en unos; en otros, ligeramente intuida— en base a la libertina impunidad y complacencia que nos trae la cotidianidad. Pues bien, diré que, aunque manchega, soy de ancestros valencianos; de aquellos huertanos que trabajaban la y con la tierra, ganándose el sustento con aquello que la almunia gustaba de ofrecerles: ora patatas, ora plátanos, ora ciruelas…, y de los que, con denodado esfuerzo y sacrificio, emigraron a la gran meseta castellana para labrarse un porvenir montando un pequeño tenderete en el Mercado Central de Tomelloso. 

Y allí, entre el olor de la fruta madura y el vergel viviente de las acelgas y escarolas, conocí a una de las heroínas de mi vida: mi abuela, la Gregoria, la que me hacía un camastro con cuatro cajas de madera —que olían a vega— previamente forradas con papel de periódico —por el tema de las astillas— y con sacos de arpillera de las patatas «de a veinticinco kilos»; una cama resultona que era la envidia del resto de tenderos que la alentaban, diciéndole: «Gregoria, cuando puedas ¡otra para mí!». Y frente al puesto de fronda de Gregoria, el del Francisquito, el carnicero, con sus piernas de cordero bamboleándose al aire caliente de la mañana, con sus pollos descabezados, sus conejos destripados y sus cabecitas de puerco —con ojillos entornados y largos orejones— asidas en los garfios del matarife: golosinas de carne cerosa y sonrosada. Y dirás, querido lector, toda esta digresión ¿para qué? Muy sencillo: leer el contenido que encierran los relatos de Tóxikas me ha arrastrado —como en déjà vu— a esa infancia tierna de texturas sensitivas —visuales, táctiles, pero sobre todo olfativas— que creía jamás escaparían del baúl de la memoria no destacable de mi cerebro. A la vista está que me equivocaba… y es que Tóxikas se saborea, se huele, se palpa, porque de eso va: un compendio de relatos que podrían tildarse de costumbritas y fantásticos —se mecen por entre las turbulentas aguas de un hiperrealismo (untuoso y ocre, con olor a sangre) y de lo supernaturāle—, protagonizados por una mujer, Carmen Posa, en un plano marcadamente real: el Mercado Central de Valencia. 

Arte conceptual de Grasshopper Manufacture Inc.

Relatos que albergan el resabio que tiene su autora por la mitología clásica —en una cita o en forma de alusión escueta y sibilina (templada)— y por lo propio del fantástico que se hilvana, con cada relato, de forma verosímil, natural y acompasada, haciendo de esta colección una pieza irregular «costumbrista/fantástica» que llega —en algún que otro momento— a semejar un teatro valleinclaniano de lo grottesco y lo absurdo; una función orlada por candilejas hechas con carne, sangre y vísceras que, a modo de horror vacui, decoran las cornucopias de metacrilato, hierro y papel de estraza del gran proscenio que es el mercado; mercado que, en su animalidad, se vuelve teriomórfico: un bestiario muerto —o que a ello se presta— engarzado por los férricos grilletes de una brutalidad justificada ante el acto natural y carnal —casi orgásmico— de comer, deglutir, zampar…; en definitiva, de saciar la desmedida gula de una amígdala, toda ella límbica y reptiliana, que aspira al poder; porque tal que eso es la carne: vida, vigor y sexo —si no, que se lo pregunten a los Aghoris—, y que, cuando es consumida, acarrea todo un ritual atávico de ferocidad, aniquilación y destrucción de lo que se deja coger, de lo que se deja matar…; en resultas: de lo que consideramos de sustancialidad inferior a la nuestra —y qué bien viene aquí la disposición estética de nuestra pirámide alimentaria—. En definitiva, Pilar Pedraza, con su singular estilo, ágil y directo, hace de la excepcionalidad de Tóxicas algo extraordinario: vindicación, traumas y remembranzas al pasado de una protagonista muy particular…, la que goza y aborrece, a partes iguales, la Cultura de la Carne

Conclusión: Porque para encontrar la luz hay que entrar en la oscuridad, te diría, mi querido lector, que ingreses en la opacidad bermeja de Tóxikas: oda al connatural egocentrismo, discriminación —categórica— e inmundicia que se desprende de lo que se tiene por humano

Ilustración de Michael Reedy

sábado, 8 de agosto de 2020

¿El primer cómic de terror sobre Robert E. Howard?

Traducción por Amparo Montejano

 

Conan el Bárbaro #1 fue lanzado por Marvel Comics en 1970... y antes de eso, Conan apareció en una adaptación de "Gods of the North" en Star-Studded Comics #14 (Texas Trio, 1968)... y antes de eso, en México, varias series de La Reina de la Costa Negra corrieron a través de los años 50 y 60, protagonizadas por un Conan rubio junto a su reina pirata Bêlit. Aparecieron juntos por primera vez en la antología Cuentos de Abuelito (1952). Y antes de eso... Gardner Fox había creado un pastiche, Crom el Bárbaro, que apareció por primera vez en Out of this World #1 (1950).

Los guionistas y dibujantes de cómics publicarían las aventuras de Conan y Kull, Bran Mak Morn y Solomon Kane, Cormac Fitzgeoffrey, James Allison, Breckinridge Elkins y otros, aunque de forma ocasional. Pero todos ellos son héroes que destacarían en la viñeta.

Así que, tras ésto, ¿se adaptaría y publicaría alguna de las historias de terror independientes de Robert E. Howard? "Dig Me No Grave" fue adaptada en el revivido Journey Into Mystery #1 (Marvel, 1972), "The Monster from the Mound" y "The Thing on the Roof" en Chamber of Chills #2 y #3 (Marvel, 1973). Pero, ¿qué hay de antes de eso? ¿Cuál fue la primera historia de terror de Howard adaptada a los cómics? 

Años previos a la creación de la Autoridad del Código de Cómics (CCA) en 1954, las historietas de horror proliferaron en las gradas, cada una de ellas tratando de superar a la otra en intensidad y morbosidad. Los cómics compartían muchos escritores, dibujantes y editores en parte gracias a las revistas pulp y era común "tomar prestado" la trama de esa clase de historias, sin notificárselo a los autores originales y, con frecuencia, terminaban siendo alteradas en el camino. El "Cool Air" de H. P. Lovecraft fue discretamente adaptado por EC como "Baby...It's Cold Inside!", en Vault of Horror #17 (1951), y su "El modelo de Pickman" se convirtió en "Retrato de la Muerte" en Weird Terror #1 (1952). 

Esto mismo ocurrió, también, con Robert E. Howard. 

"Skulls of Doom!" en Voodoo #12 (1953) está basado obviamente, aunque de manera vaga, en la historia "El corazón del viejo Garfield", la cual había sido publicada, por primera vez, en Weird Tales (diciembre de 1933). Los paralelismos son sorprendentes: un médico es llamado al lado de un anciano moribundo, en el que reside un órgano alienígena perteneciente a una arcana deidad, y debe ser devuelto. 

Sin embargo, los encargados de adaptar el argumento tomaron la simple pero contundente narración de Robert E. Howard y le dieron algunos giros. En lugar del corazón, el órgano es el cerebro, un cerebro inmortal del sacerdote egipcio Vishnu que se convirtió en un dios después de su fallecimiento. En una típica obra de moralidad de horror previa al código de 1954, el inescrupuloso doctor roba el cerebro de Vishnu y lo coloca en su propio cráneo, hecho que funciona, hasta que Vishnu regresa para reclamar su cerebro. 

A su vez, todavía puede existir alguna adaptación anterior de la narrativa de Howard escondida en las páginas de algún otro cómic de terror anterior a 1954, pero pocos han de ser los escritores y artistas de ese periodo los que pudieron aproximarse a reflejar la magia que emana de la prosa de Robert E. Howard, aunque tomaran prestadas sus ideas. Aún así, aquellos que deseen leer "Skulls of Doom!", el cómic se haya en dominio público y puede ser leído gratuitamente aquí.  

 

miércoles, 5 de agosto de 2020

Coser una vorágine - Regina Salcedo: En búsqueda de la nueva civilización perdida



La ciencia ficción es un campo literario que permite desarrollar una reflexión sobre la ciencia venidera, tanto a nivel social como tecnológico, pero también es una reinterpretación de la sociología, antropología o psicología humana. Desde el campo de la llamada ciencia ficción hard, pasando por la visión más soft o blanda, cientos de escritores han expuesto sus ideales y visiones relacionadas con el ser humano, tanto su expansión por el cosmos presente como un intenso análisis del mundo interior de cada persona. Dentro de este panorama, la antropología actúa como un fiel reflejo de lo que representa, idealiza y desarrolla una sociedad humana específica: sus ideales, valores y creencias.

La antropología permite estudiar las múltiples culturas reinantes en el mundo, que han ido transmutando a lo largo del devenir de los siglos, y que es un lienzo donde se presenta la riqueza humana. Esta vertiente científica ha sido explorada por múltiples autores que abandonaron la versión más técnica de la ciencia ficción. No nos olvidemos de autores como Norman Spinrad, Chad Oliver, Ursula K. Le Guin o incluso J. G. Ballard, donde destacan obras suyas como Crash, una obra que actúa como una meditación lisérgica sobre la relación entre el deseo sexual y los coches. 

A pesar de ello, la ciencia ficción antropológica se ha concebido como un "fenómeno de finales del siglo XX", pero sus pilares se pueden observar más atrás en la historia, en figuras como la del británico H. G. Wells (1866-1946) y su historia "The Grisly Folk". Hoy en día, esta singular vertiente sigue nutriéndose de diversas obras. De entre ellas, vamos a abordar la novela de Regina Salcedo, Coser una vorágine, editada por Apache Libros Editorial, y que actúa como un híbrido entre esta corriente y la fantasía más pura. 

Regina Salcedo es una escritora que perfila un deseo por la esencia humana. Tras especializarse en Poesía Contemporánea de la mano de José María Guelbenzu, comenzó a impartir talleres de escritura creativa, lo que le ha permitido desarrollar un cuidado estilo, a la hora de narrar secuencias y expresar diferentes emociones, que favorezcan la representación real de los personajes. En esta novela, la autora aúna su pasión por la antropología a la hora de estructurar una historia en la cual se genera un contacto entre uestra realidad y un reflejo de ésta, basado en una mezcolanza de culturas, las cuales están hibridadas entre sí, y en un estado mayor de regresión que el presenta nuestros tiempos. Debido a una fisura en el espacio-tiempo, generada por un astrofísico del otro mundo, conocido como Geb, nuestra protagonista, Ima, una mujer del siglo XXI que se encuentra en una Tierra que experimenta ciertos avances considerables en cuanto a tecnología, se verá arrastrada a una realidad completamente desconocida, con unos idiomas, expresiones, flora y fauna desconocidas, pero similares. 

Muy al estilo de Lewis Carroll y su Alicia en el País de las Maravillas, somos espectadores del descenso que experimenta la protagonista a este mundo extraño y singular, donde predominan los archipiélagos y las islas (esquema que recuerda al Ciclo de Terramar de K. Leguin), existe una extraña profecía que se ajusta a su venida, y donde se han desarrollado nuevas razas humanas (bastante vinculadas con los felinos y caninos) tras un acontecimiento único, la caída al mundo de “La Gran Máquina”, un enigma que se mantiene a lo largo de la novela, siendo uno de los ejes que sirve para que la novela avance, debido a la búsqueda de los fragmentos perdidos de esta extraña tecnología. 

Ilustración de J. M. W. Turner

Así pues, el lector conoce el propio “País de las Maravillas” de la autora, que se irá desgranando a través de múltiples detalles. A partir de este momento, se generan una serie de situaciones que desembocaran en la pericia de que Ima retorne a su hogar, recibiendo ayuda de una variopinta gama de personajes, los cuales van adquiriendo profundidad conforme avanza la novela, reflejando sus deseos, virtudes o emociones. 

Quizás uno de los puntos fuertes de la novela sea esto mismo: la riqueza cultural que expone la autora, y que va aportando pinceladas de él, al fusionar múltiples elementos sociales. Y esto mismo sirve de engranaje para que la acción continúe, impulsando un mundo poético y bello, que embelesa al lector al estilo de Lord Dunsany y su obra Los dioses de Pegãna (1905). A pesar de ello, la vitalidad de la obra decrece en varias ocasiones, llegando incluso a varios deus ex machina para que la historia continúe, pues en determinadas escenas se llega a un callejón sin salida, y la autora sale airosa aportando un detalle nuevo de ese singular imaginarium para salir del enredo expuesto, ya sea una habilidad especial que presenta alguno de los protagonistas (debido a que las personas y razas del mundo de Geb se pueden especializar en diversos clanes, centrados en la intuición, la chamanería, etc.) , o una revelación esclarecedora, lo que puede llevar a un desengaño en varios momentos, por el sencillo motivo de romper con las reglas "aportadas" en un principio, y luego reescribirlas para que la narración continúe el rumbo deseado.


Ilustración de François de Nomé

Sin embargo, todo lo anterior se mantiene en cierta sintonía y orden, acompañado de una sucesión de múltiples aventuras que hacen que los personajes principales se desplacen por diversas localidades, islas y archipiélagos. Esto es un arma de doble filo, pues permite descubrir una gran suma de elementos del worldbuilding desarrollado por la escritora, donde se expone el gran trabajo de estructura elaborado por el autor y que sirve de carta de invitación al lector, pero puede llegar a ser pesado si la acción se centra en un contaste desplazamiento de los personajes, quienes juegan papeles diversos a través de múltiples hazañas, desde partidas de ajedrez imposibles, ataques navales o ritos chamanes. Lo que lleva a perder el cauce inicial de la obra, el objetivo principal. A pesar de ello, Regina consigue mantener la batuta entre estos elementos, buscando, cada cierto tiempo, dar un efecto inesperado a los acontecimientos, para avivar la lectura, unido a esas descripciones exquisitas de paisajes, edificaciones, navíos… 

El estilo narrativo es uno de los puntos fuertes de la autora, que edulcora la lectura y la convierten en un ejercicio placentero y agradable, con frases muy poéticas que ahondan en temas tan cercanos como la familia, el amor, la amistad o la pérdida. Ejemplos comparativos de la forma de narrar podrían ser los de Sato Haro o Anna Wu, un estilo equilibrado, con ciertos tonos cómicos, y rico en expresiones y detalles que atrapan al lector. 

Así pues, Coser una vorágine es un “Alicia en el País de las Maravillas” moderno, singular y profundo, que emana riqueza y aprecio por la historia de la humanidad. Un retorno a las fantasías narradas por Lord Dunsany, derrochando una imaginación exuberante. A pesar de algunos altibajos narrativos, la trama general fluye permitiendo cerrar una obra heredera de la fantasía y la ciencia ficción antropológica. 

lunes, 13 de julio de 2020

Primera luna llena de verano - José del Caño: El temor a la utopía

Ilustración de Donato Giancola

El escritor Isaac Asimov (1920-1992) dejó un gran legado, un legado que restructuró a lo largo de la década de los años ochenta con el objetivo de unificar sus dos grandes sagas: el ciclo de las Fundaciones y la serie de los Robots. Igualmente, de todo esa herencia (sin contar su amplia aportación desde la vertiente de la divulgación científica), también cabe destacar la materialización de las Tres Leyes de la Robótica, la exploración y explotación de la filosofía que reina entre el creador (el hombre) y la creación o el hijo menor (es decir, la máquina, el androide). Este pensamiento ha sido expuesto en múltiples obras que han fabulado sobre esa vinculación, sobre qué es lo correcto y qué es ser humano. 

Esta es una de las premisas que utiliza el escritor español José del Caño en su obra Primera luna llena de verano, un claro ejemplo de cómo profundizar en la Ley Cero de la Robótica, expuesta por Asimov (principalmente) a través de dos de sus androides característicos: R. Giskard y R. Daneel Olivaw. Así pues, profundicemos en la obra de este autor vallisoletano, en donde nada es lo que parece y el reflejo que se presenta de la humanidad no es el más bondadoso que existe. 

"Un robot no hará daño a la Humanidad o, por inacción, permitir que la Humanidad sufra daño". 
- Isaac Asimov (Ley Cero de la Robótica)

José del Caño se introduce en el campo de la ficción especulativa con Primera luna llena de verano, novela corta editada por la editorial Con Pluma y Píxel, y lo hace reflexionando sobre el devenir de la humanidad; una que reside en un mundo apocalíptico que ha sufrido las consecuencias sociales y medioambientales que se derivan de una sociedad llena de odio, movida por el interés, la ambición y el poder;  un poder que, para desarrollarse "de facto", debe acabar con los ideales y los valores de lo que es ser "humano". Todo esto se plantea a través de la visión de su protagonista: Horower. Alguien que, por causas desconocidas, ha vivido siglos, luchando, amando y llorando la pérdida de cientos de miles de personas y que, ahora, en un mundo sometido a la entropía, consigue llegar a una insólita ciudad/bastión de lo que queda "humanizado".

Estos primeros compases de la historia se presentan con un eje interesante de narración. En primer lugar lo hace por la figura del humano inmortal que actúa como "sabio arcano renovado"; un Salomón eterno que será la voz reflexiva del equilibrio entre lo correcto y lo inmoral.  Será él quien experimente un proceso mágico (a lo largo de las 136 páginas que reúne el volumen): desde la bajada a los "infiernos" (casi literal), hasta el ascenso heroico que todo adalid necesita para reconstruirse y edificar el mundo y la sociedad que, entorno suyo, germinan; un viaje iniciático que el mitólogo Joseph Campbell resumiría de "necesario para que se cumpla el patrón básico del monomito del periplo" (Viaje del Héroe). 

 Su estilo, además, presenta las mecánicas narrativas básicas para que el relato funcione y pueda conectar con el lector, aunque a veces las secuencias se nos quedan como "en ralentí"..., sin ese empujoncito final que daría vigor a la trama. Capta nuestra atención, eso sí, la calidad escenográfica y el enfoque edulcorado del ideario que está siempre presente: el ser humano, que actúa como Dios-Creador, y su creación, la máquina.

Por otro lado, como hemos comentado al principio, la existencia de los robots es relevante a lo largo de toda la historia, incluso cuando este aspecto se ubica "entre bastidores": desde el comienzo de la obra se establece la perspectiva de que el ser humano llega a crear a los bots con el precedente de tenerlos como "hijos menores" que velarán por sus progenitores. Pero, un día se produce un éxodo masivo de androides y... (en toda la obra se profundiza en aspectos de corte ético/filosófico).

 Ilustración de Virgil Finlay (1914-1971)

Al ser una primera novela, quizás esté cargada de clichés (estructuración de personajes, acciones y situaciones predecibles...) Quizás sea el final lo más sorprendente de la trama (gran "vuelta de tuerca", que diría M. R. James): un truco formidable el trastocar así las pilastras narrativas y salir airoso de la nueva visión que se plantea.


Resumiendo: la obra Primera luna llena de verano de José del Caño es una correcta incursión en la maravilla fantástica de la ciencia ficción, que, de seguro, servirá para que el autor siga expandiendo su imaginario creativo y su pasión (innegable) por el género especulativo.

 Ilustración de Eando Binder

Windumanoth. Revista de género fantástico

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