viernes, 6 de marzo de 2020

Donald Callahan o la redención por el exotránsito

Ilustración de David Palumbo

Decir que todos los escritores de terror estamos en cierta medida influidos por el “Dracula” de Bram Stoker es como decir que todos los futbolistas juegan con balones esféricos; una obviedad. 
Muchos de nosotros nos hemos sentido fascinados por el “Carmilla” de Le Fanu -obra anterior a la de Stoker e injustamente olvidada por la Historia- y recorrido los horrores de la noche en compañía de Pollidori, Gogol, o las más modernas versiones de este mito como el “Demeter” de Esteban Díaz o “Los archivos de Van Helsing” de Xavier B. Fernández. 

No resulta extraño, por tanto, que un maestro del género como Stephen King toque el tema en algunas de sus obras. Por eso quiero invitaros hoy a un breve recorrido por su mejor trabajo sobre los Señores de la Noche y, cómo no, la relación de esta novela con “La Torre Oscura”. 

King publica “El misterio de Salem´s Lot” allá por 1975, una época en que Estados Unidos se ha sumergido en una cierta paranoia social y política -no es que en España estuviésemos para criticar a nadie- y años después declaró que quería reflejar ese clima en su novela. El secreto, la desconfianza, los movimientos furtivos de los habitantes del pequeño pueblo, son un caldo de cultivo muy adecuado para los actos del vampiro, siempre necesitado de discreción. La premisa inicial de la novela, esa pregunta que los escritores solemos hacernos antes de abordar un relato, sería “¿Qué pasa si Drácula aparece en un pequeño pueblo de Estados Unidos?”. 
Bueno, paciente lector, no voy a responderte a esa pregunta. Prefiero recomendarte que leas la novela y la disfrutes. 
Pero sí analizaré dos puntos que me parecen interesantes por su relación con “La Torre Oscura” y por ser una muestra más de la metaliteratura, la intertextualidad, que King maneja a lo largo de toda su obra.

Ilustración de David Palumbo

Siendo una novela coral, Salem´s Lot da un gran protagonismo a Ben Mears, un escritor que regresa al pueblo donde vivió su infancia para trabajar en su siguiente novela. Este pueblo, ficticio, fue creado por King para uno de sus relatos cortos más cercanos a Lovecraft, “Los misterios del gusano”, y es un lugar tranquilo, en el que cada vecino parece alejarse conscientemente del resto, mantenerse apartado, aunque no faltan los cotillas y metomentodos de cualquier pequeña localidad. Ben conocerá a Susan, una mujer bastante más joven que él, y surgirá una relación romántica plagada de dificultades. Susan, a ojos de su familia, está “destinada” a casarse con un chico de la localidad, un tipo poco recomendable y al que podríamos calificar de acosador. Hay monstruos más reales que los vampiros, por desgracia. 

La novela avanza, alimentada por este y otros conflictos secundarios, mientras Mears investiga la vieja casa de los Marsten que, como puedes suponer, paciente lector, fue testigo de antiguos crímenes y viejas tragedias y es el lugar encantado al que nadie entra, al que los niños acuden para demostrar su valor, al que las sombras protegen. Una clara inspiración del Hill House de Shirley Jackson tiñe el hogar de los Marsten, como King contaría tiempo después. No resulta nada sorprendente que nuestro vampiro y su particular Renfield alquilen esta casa al llegar al pueblo. 

Sí me sorprendió más, cuando con el tiempo fui leyendo “La Torre Oscura”, encontrarme con que la historia de Ben y Susan se repite allí. En “Mago y Cristal”, cuarta novela de la saga, el pistolero Roland narra a sus compañeros de viaje una historia de su lejana juventud y sus primeros enfrentamientos contra el Rey Carmesí, el Mal con mayúsculas que está tratando de destruir la Torre y el mundo que conocemos. 

Roland llega a Mejis para cumplir su misión como pistolero; conoce a una chica llamada Susan y surge la relación romántica. Recuerdo haber pensado “¿por qué la llama Susan, si ya hay una Susannah en el relato y puede llevar a confusión?”. La Susan de la Torre y la de Salem´s Lot están comprometidas con, o empujadas a, una relación que no desean. Roland y Ben llegan desde fuera; se forman las parejas con el consiguiente enfrentamiento a la autoridad social o familiar; ambas Susan eligen al forastero, el desafío a esa autoridad, lo que acrecienta el conflicto secundario y acaba... bueno, no voy a contarte cómo acaba, pero el paralelismo se mantiene en las dos historias. 
Lo que me sigue llevando a pensar que King lleva, en realidad, toda su vida hablando de la Torre Oscura. 

Ilustración de Tony Mauro

El segundo aspecto a destacar en este artículo, y que marca una relación mucho más clara con la saga de la Torre, es la historia de Donald Callahan, sacerdote católico de Salem´s Lot que, pese a no tener un gran protagonismo, resulta de lo más interesante. 

Resulta un personaje muy atractivo. Un cura de mediana edad que está inmerso en una crisis de fe, en un momento vital en que se replantea todo aquello en que ha creído y que le ha servido de soporte durante toda su vida. Cuando Barlow, nuestro vampiro, empieza a hacer de las suyas en Salem´s Lot, el padre Callahan participa en la investigación y posterior enfrentamiento contra la criatura. En un primer momento parece que enfrentarse a esta realidad oscura reforzará su arruinada fe, provocando una catarsis que no carece de lógica argumental. Ver el Mal de frente, como algo tangible y real, es el mejor modo de creer en él y por tanto, en su opuesto. 

Sin embargo, Callahan fallará en la prueba, en uno de los momentos de tensión más logrados de la novela, haciendo que nos mordamos las uñas mientras el vampiro le da la oportunidad de vencerle, siquiera parcialmente, en un enfrentamiento que huye de lo físico, de las estacas puntiagudas y los colmillos afilados, para manifestarse como una lucha de voluntades y creencias, en la que Callahan no está a la altura y acaba por precipitar la tragedia. 

En la edición que podemos leer, el padre Callahan será obligado a beber la sangre de Barlow y, ya perdida su fuerza y los restos de su fe, abandonará Salem´s Lot antes del enfrentamiento final. Sin embargo, en un principio acababa suicidándose y un enfurecido Barlow mutilará su cuerpo. Tal vez king eliminó esa parte y mantuvo vivo al sacerdote como una bala en la recámara para poder utilizarlo en el futuro, o tal vez simplemente le pareció un castigo más cruel el mantenerlo vivo. 
Pero, ¿qué fue de Don Callahan y cómo es posible que le encontremos en otro tiempo y lugar, en la saga de la Torre? 

Ilustración de Michael Whelan

Cuando Roland y sus compañeros, en los episodios finales de la epopeya, se encuentran con el sacerdote, éste nos cuenta que tras su huida de Salem´s Lot adquirió la habilidad de distinguir a ciertos vampiros a simple vista -una especie de percepción del aura- gracias a la sangre de Barlow, e inició una cruzada contra ellos. Una forma de redención que finalmente, superado de nuevo por sus problemas personales y casi rota su cordura, le impulsa al suicidio. 

Tras esta primera muerte, Callahan llegará al mundo de Roland, descubriendo su capacidad para el exotránsito -es decir, la capacidad de viajar entre mundos y tiempos- y la conspiración del Rey Carmesí para destruir la realidad. En su nueva vida seguirá buscando la redención en el enfrentamiento contra estas fuerzas oscuras, lo que le llevará finalmente a unirse a Roland y su grupo para luchar contra los servidores del Rey Carmesí. Y, cerrando el círculo, entre estos servidores hay un buen número de vampiros, si bien menos poderosos y personales que nuestro viejo amigo Barlow, apenas carne de cañón, infantería ligera del Rey, pero que estarán a punto de acabar con el grupo de Roland y frustrar su misión de salvar la Torre. En este enfrentamiento final, el padre Callahan encontrará la redención definitiva suicidándose para proteger al resto. Más de treinta años entre “El misterio de Salem´s Lot” y “La Torre Oscura VII” que llevan al sacerdote al mismo final, a una catarsis que le dará coherencia y fuerza, convirtiéndole en un personaje imprescindible de la mitología de King. Un final digno, un nuevo ejercicio de metaliteratura, una redención definitiva. 
Si es que podemos hablar de verdades definitivas en la obra del Maestro. 

Ilustración de David Palumbo

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