viernes, 15 de enero de 2021

Entrevista con Diana C. Mergelina: "La belleza de la escritura y la pintura"

Por Pily Barba


A través del que más tarde sería su marido (un gran y muy querido amigo mío), y casi como si fuera el eco del canto de una sirena, un buen día me alcanzó la existencia de esta mujer. Bueno, su existencia, su ilusión y su esfuerzo por sacar adelante un trabajo que por fin ha conseguido materializarse en la que ahora es su primera novela publicada: Segadores de almas. Pero ¡ay de mí! ¡Cuánta ingenuidad! En ningún momento tuve idea del vendaval al que me iba a enfrentar hasta que un buen día, mi querido colega y su pareja, me invitaron a una entrañable comida casera. 

Nada más entrar, ya sentí que su hogar desprendía una curiosa proximidad. Allí había calor, mucho calor. También cachivaches frikis por todos lados, claro, y libros y películas y póster de cine, además de alguna preciosa ilustración. Pero no, el calor venía de ese par de divertidas y amorosas personas. Eso sí que lo tuve claro nada más llegar. Pero por lo demás, aun hoy, retrotrayéndome a ese día, sigo sin saber cuándo la cosa hizo clic… De verdad que no tengo ni la menor idea de lo que tardamos en conectar Diana y yo, pero sí os diré que fue en poquísimo tiempo cuando ya estaba (casi) palpando su alma creativa. Y sé que los que me conozcáis pensaréis que tal vez fue por mi amor hacia nuestros géneros, o porque yo también hago mis pinitos en esto de la escritura y, además, soy una tía enrollada (je), pero no, la razón era la propia Diana: su pasión por escribir y esa determinación, que por momentos me apabullaba, por sacar su trabajo adelante; por hacer realidad su máxima aspiración. 

Y a pesar de que fue Diana la que se encargó de terminar con los preparativos que nos llevarían a los tres a la mesa, no tardó en contarme que desde muy niña no pudo evitar garabatear sus propias historias. Su amor hacia la lectura y su capacidad inventiva la llevaron de la manita. Pero es que además también resultó que era ilustradora, y una muy buena, he de decir, y a la vista está (para vosotros) la atrayente portada de Segadores de almas. Yo fui testigo de este hecho aquel mismo día, me lo hizo saber uno de sus cuadros; ese regalo que ilustró para su amor y ahora está colgado en una de las paredes del salón. ¿Una mujer multitarea? Sí, claro, y así me pasó, que mi cabeza hizo bum. 

Como habréis podido imaginar, ya en la sobremesa hablamos de lo divino y de lo humano, pero también volvíamos una y otra vez a su novela, que en ese momento estaba en proceso de corrección y reescritura con la ayuda de una profesional. Y es que Diana no podía evitar entrar constantemente en detalles sobre la trama y, al mismo tiempo, cuánto esfuerzo le estaba llevando su confección. Y cada vez que lo hacía, su cuerpo se deshacía de la postura cómoda y cercana a mí en el sofá para pasar a envararse, al tiempo que su voz se teñía de un loco entusiasmo y sus afables ojos casi echaban chispas. ¡Pero qué mujer, desde luego creía en lo que hacía! Y yo, que soy fan del entusiasmo auténtico, y una flipada de los procesos creativos, no pude evitar dejarme arrastrar por esa pasión suya tan desbordante, enamorarme sin más de su afán por llevar a buen puerto su trabajo, y de aprender a hacerlo bien durante el proceso, costase lo que costase. 

Porque esto es algo que Diana tiene y le falta a muchos aspirantes a escritores: ella apuesta, con mano férrea, por eso a lo que quiere dedicarse en cuerpo y alma (de manera profesional). Y lo hace trabajando sobre el papel e incluso invirtiendo económicamente en ello, asesorándose y poniendo en manos de profesionales su trabajo para que el resultado sea justo el que tiene que ser, no el que sale. Así, cuando aquel día supe de primera mano hasta dónde estaba llegando para conseguirlo, el tiempo y el esfuerzo que llevaba invertido, y el que además sabía que tenía que seguir invirtiendo, o lo poco que le asustaba (sin contar con que la pereza o desánimo no deben formar parte de su vocabulario), mentalmente me quité el sombrero y pensé que yo de mayor quería ser como ella. 

Y esa es la auténtica razón de haberos abierto esta pequeña puerta de entrada al día en que conocí a Diana, porque lo que pretendo con ello es sacar a relucir que cuando uno habla de una novela, de cualquiera, en realidad no está hablando solo de un relato, sino de dos; el ficcionado y el de la persona que está detrás de todo ese mundo supuestamente imaginario. La segunda historia, la de verdad, la del autor que ha sufrido para traer al mundo su obra y ha trabajado duro para plasmar toda su fantasía, procurando demostrarnos, ya de paso, hasta dónde es capaz de llegar por hacernos soñar, es la que a mí, ahora, me interesa. Por eso quiero que esa segunda piel, en este caso la de Diana Cortés Mergelina, salga a relucir y nos cuente de primera mano qué hay debajo de ella. Porque además sé que va a merecer la pena. Por un lado, a muchos os dará la bienvenida al mundo de la que, quién sabe, tal vez se convierta en vuestra próxima escritora española de género predilecta, y por el otro, tal vez a otros os inspire esa naturaleza que podría estar muy próxima a la vuestra. Sea como fuere, espero que disfrutéis de este amoroso acercamiento a Diana, porque ambas lo hemos puesto todo de nuestra parte. 

P. B. (Pily Barba) - Diana, tal y como decía, empezaste a escribir muy temprano. ¿Cómo surgió esa necesidad? ¿Sobre qué escribías y cómo recuerdas aquellos tiempos? 

D. C. M. (Diana C. Mergelina) - Como era bastante pequeña y mi memoria no es muy buena, tal vez lo que cuento no sea del todo exacto, pero creo que todo parte de tener una gran fantasía (cosa que no siempre fue bueno). Muchas veces las historias que inventaba me metían en líos, más de un castigo me cayó por ello; el ponerlas por escrito y dejar así claro que eran cuentos me ayudó. Porque lo que estaba claro es que yo necesitaba dejar volar mi imaginación, todo a mi alrededor se convertía en un viaje fantástico. Tal vez fuera una parte de inconformismo, de tener que dejar salir las cosas que tenía dentro, mis ganas de cambiar lo que me rodeaba. 

P. B. - En cuanto a géneros, ¿con cuál de ellos te sientes más cómoda? ¿O eres más de «mestizaje»? 

D. C. M. - Sin duda el género donde me siento más cómoda es la fantasía, es donde siempre he trasteado, aunque en muchas ocasiones esta fantasía ha tenido algún tinte de terror, sin llegar a meterme de lleno en este género. Además, por influencia de mi pareja, ahora me he atrevido con la ciencia ficción, una nueva aventura que me ha emocionado mucho y, sobre todo, ha alimentado algo del proceso de escribir que me encanta, la investigación previa. 

 

P. B. - He leído por ahí que has participado en varios talleres literarios. ¿Por qué decidiste que debían guiarte? ¿Cómo ha sido tu experiencia? 

D. C. M. - Los talleres, sobre todo al principio, te dan algo importante: ayudan a utilizar las herramientas que tienes, pues muchos de los conocimientos y las técnicas están ahí, pero no es lo mismo tenerlas que saberlas poner en práctica. Además, en mi caso, me ayudan a adquirir rutinas y enfrentarme a los bloqueos. Las experiencias en las distintas escuelas han sido siempre maravillosas, pero si debo destacar algo es la suerte que he tenido en todas ellas de encontrar gente genial que me ha enriquecido y a los que, en bastantes casos, tengo la suerte de llamar amigos. En las clases de escritura, da igual el género, se terminan creando vínculos muy estrechos, se comparte mucho a través de los textos (sin tener en cuenta el cafetito o caña post-clase), es una experiencia muy enriquecedora como persona. 

P. B. - También has participado en diversas antologías. Cuéntanos, ¿de cuál de tus intervenciones estás más orgullosa? 

D. C. M. - Sin duda todas ellas son especiales y están asociadas a recuerdos muy fuertes en los que la alegría te desborda: el momento que seleccionan tu texto, cuando lo ves impreso, las lecturas, cuando alguien se pone en contacto contigo para comentarte lo que le ha parecido… Esto no solo sucede en las antologías, igual me ha pasado cuando han seleccionado alguno de mis relatos para las lecturas del día del libro; oír tu texto en boca de un cuentacuentos, con toda esa gente escuchándolo… ¡es algo impresionante!, no te entra la emoción en el pecho. Pero si hay una anécdota a este respecto, que puede que me llene de un orgullo insano. Hace un par de años participé en un concurso (suelo participar en muy pocos, pero este era por una buena causa). La cosa es que mi relato quedó finalista y junto con otros pocos se iba a hacer una antología. Pasó a la editorial y a corrección, que era gente distinta a la del jurado, y decidieron censurarme el texto. Fueron largos días al teléfono intentando saber qué es lo que pasaba, hasta que descubrí que tocaba una temática (la creación del mundo a manos de alienígenas), que ellos consideraban inapropiada. En su momento esto fue una pelea y un disgusto, pero ahora, pasado el tiempo, le doy un valor especial. 

P. B. - Con algunas de tus ilustraciones me has dejado loca. Hace poco compartiste tanto en Instagram como en Facebook lo que parecían ser unas prácticas. ¿Qué fue aquello? 

D. C. M. - Hace unos meses empecé con el dibujo digital. Los primeros contactos fueron precisamente la portada del libro y las imágenes que van en el booktrailer, pero en seguida me di cuenta de que me faltaba soltura, además de tener que aprender a manejar las herramientas de manera correcta. El programa que uso para dibujar facilita un montón de tutoriales y cursos, así que me lancé de cabeza. La primera parte, que fueron algunos de los dibujos que viste, están enfocados al manga, aunque también hay dibujo tradicional, comic y animación. Poco a poco he ido haciendo cosillas, y estoy muy contenta de los resultados que estoy obteniendo. 

Ilustración de Diana C. Mergelina.

P. B. - Por cierto, ¿has hecho algún curso de pintura o lo tuyo viene de fábrica? 

D. C. M. - En realidad, viene de fábrica. Muchos de mis primeros recuerdos están asociados a mi madre con un pincel en la mano. Es más, cuando me viene el olor a óleo lo asocio con ella, es algo que me causa una sensación muy agradable, despierta en mí un lado «infantil». Dibujar siempre ha sido parte de quién soy, aunque me pasé muchísimos años sin hacerlo. Tuve una mala experiencia con una profesora en el instituto, y aquello me hizo dejar los lápices. Hace unos años, mi pareja, sabiendo lo que me gusta dibujar, me animó a apuntarme a una escuela maravillosa de dibujo que hay justo debajo de mi casa. Después, ya en solitario, di el paso al dibujo digital, el cual me está dando grandes alegrías. 

P. B. - ¿Te has presentado a algún concurso? ¿Has tenido algún tipo de reconocimiento? (Ya sea en lo literario o en el mundo de la ilustración). 

D. C. M. - Me he presentado a muy poquitos concursos. Lo cierto es que soy una persona con una autoestima baja y vergonzosa, y me cuesta mucho enviar mis textos (no te quiero ni contar que vean mis dibujos). Siempre tengo la sensación de que no son lo suficientemente buenos, para eso soy mi peor enemigo. Es cierto que en los poquitos concursos donde me he presentado los resultados han sido buenos, lo que me ha llevado a participar en antologías y a que algunos de mis relatos fueran presentados en las celebraciones del día del libro. 

P. B. - Y ahora me gustaría que te mojases, si puedes. Venga… ¿con qué disfrutas más, con la literatura o con la ilustración? 

D. C. M. - Son amores diferentes. Escribir es una forma de sacar lo que llevo dentro, de que mi fantasía salga, de mantener mi mente activa. Pintar hace que me abstraiga, cuando estoy en ello se me olvida hasta comer, las horas pasan y yo no me entero, y eso me relaja. Dibujar hace que cualquier problema que pueda tener desaparezca. 

P. B. - Respecto a Segadores de almas, cuentas que al principio su título era Cazadores de almas, ¿por qué lo cambiaste? ¿Eso también provocó alguna otra modificación importante en el planteamiento de tu novela? 

D. C. M. - Empecé a escribir Cazadores en un curso de la escuela de escritores. La idea original era que cazaban a personas malvadas, y en ese primer borrador tampoco me comí la cabaza ni con la denominación de los personajes ni con el título, simplemente solté la historia. Tiempo después, cuando me puse con la corrección, decidí darle un repaso entero al manuscrito, lo que llevó a que reescribiera la novela entera. Fue ahí cuando busqué un nombre para estos cazadores que fuera más acorde con la historia y con lo que eran, nombre que es actualmente el título. 

Fragmento de la portada de Segadores de almas, de D. C. Mergelina.

P. B. - Bien, la empezaste a escribir en 2012, en uno de los peores momentos de tu vida. ¿Crees que te servía como revulsivo?, ¿cómo una especie de anestesia, al mismo tiempo, para un alma como la tuya, en aquellos momentos tan atribulada? 

D. C. M. - Sin duda, el momento que estaba viviendo sirvió de base para la historia, además de ser un desahogo. Yo siempre he creído que escribir tiene un componente terapéutico, te ayuda a descargar, a coger perspectiva, a aclarar ideas, a evadirte… Siempre he comentado que en ese momento yo necesitaba una «heroína» que pudiese hacer lo que yo no podía, una justiciera de mi dolor. Esa fue la idea original, aunque luego, como suele pasar muchas veces cuando escribes, el personaje tomó su propio camino. 

P. B. - ¿Cuál crees que es su punto fuerte? 

D. C. M. - Difícil. Cuando estaba en la escuela de escritores, mi tutor en novela, Rubén Abella, me dijo que yo era una creadora de mundos, creo que ese puede ser mi punto fuerte. Lo que yo amo no es la acción de escribir en sí, es la de inventar todo ese mundo. En mi mente es todo real, puedo ver hasta el más mínimo detalle, sentirlo… Luego solo describo lo que veo, es como si estuviera viendo una película en mi cabeza. 

P. B. - ¿Qué es lo que más te costó sacar de dentro para dejarlo ahí, en el papel, a la vista de todos?

D. C. M. - Escribir Segadores de almas fue algo terapéutico, necesitaba sacar el dolor que sentía, pero a pesar de estar plasmando sobre el papel una parte tan intima de mí, no me sentía expuesta. En su momento lo leyeron muy pocas personas, los que componían el curso de novela, quienes debieron pensaron que yo estaba muy mal de lo mío y, puesto que me conocían muy poco, no vieron que era parte de mi historia personal. Después, yo me fui distanciando de ese momento personal, ya no me siento para nada así, aunque he aprendido mucho de ello, me ha hecho crecer. Justo eso, esa distancia que ha puesto el tiempo y mi crecimiento ha hecho que no me sienta expuesta cuando leen Segadores.

P. B. - ¿Hay mucho de la Diana C. Mergelina de carne y hueso en sus páginas? ¿Hay algún personaje que haya «copiado» tu forma de estar en el mundo?, ¿con el que te sientas más identificada? 

D. C. M. - En su momento, cuando lo escribí, había mucho, ahora… Todos cambiamos, con el tiempo tomamos caminos que nunca imaginamos tomar. Segadores es una parte importante de un momento de mi vida, no hay un personaje en sí que esté hecho a mi imagen, sino que todos tienen un poquito de mí. De la misma manera, debo decir que esos personajes no están solo compuestos por mí, también tienen cosas de las personas que me rodeaban. 

P. B. - ¿Cómo surgió la idea de que ilustrases la portada? ¿Tenías claro que nadie mejor que tú para llevar lo que había en tu cabeza a la cubierta de tu libro? 

D. C. M. - La editorial me facilitó una galería de imágenes para que buscase algo que me encajara. Estuve durante días y días buscando algo, pero no terminaba de verlo. Hacía nada que había empezado con el dibujo digital, y pensé: ¿Qué mejor forma de ir cogiéndole el tranquillo? Me puse en contacto con la editorial y les pregunté qué les parecía, y ellos accedieron de inmediato. Hice cuatro bocetos con estilos bastante diferentes, uno de ellos no pasó del lápiz, otro, cuando lo digitalicé, me parecía que podía ser confuso, y solo dos tomaron forma real en el ordenador. El que al final ha terminado siendo la portada ganó por la sonrisa, tiene ese toque inquietante que buscaba. De todas formas, en cuanto pueda subiré todos los dibujos a mi página web. 

P. B. - Sé que es pronto para hablar de ello, pero ¿cómo está siendo el recibimiento de tu novela? 

D. C. M. - Por ahora muy buena. Ya empieza a haber gente que lo ha leído y muchos de ellos se han puesto en contacto conmigo para decirme que les ha gustado. Todo el mundo está coincidiendo en que es una historia que engancha, que coges y no puedes soltar hasta el final, y que te deja con ganas de más. Es maravilloso escuchar esto, pues yo lo único que quiero es entretener a la gente, que durante un rato, ya sea en el sofá, a media luz tumbado en la cama, en el metro camino de la oficina o de la universidad… se evadan del día a día. Creo que en estos tiempos que corren todos necesitamos un rato para alejarnos de la realidad, para mantenernos cuerdos. Respecto a las reseñas, en este momento solo he tenido una de De lector a lector y lo cierto es que ha sido muy buena (cuando la leí me puse a llorar). Sé que hay varias personas y páginas web que están también con el libro, espero que les guste (cruzaremos los dedos). 

P. B. - Háblanos de tus proyectos de futuro (próximo). ¿En qué andas metida ahora? 

D. C. M. - Pues ando en dos proyectos. El primero es de ciencia ficción, y es toda una aventura, pues este género no lo había tocado demasiado y, sin embargo, lo estoy disfrutando mucho, tanto por el proceso de investigación como por todo lo que que tiene lugar a la hora de especular con el futuro. Todo eso hace que me emocione y que mi fantasía se dispare. Por otro lado estoy escribiendo la segunda parte de Segadores, novela que espero que esté en marcha para finales de 2021. 

Ilustración de Daniel Doclu.

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