sábado, 16 de marzo de 2019

Las realidades de Philip K. Dick

Escrito por Cristián Londoño Proaño
obtenido de www.teoriaomicrom (21 Febrero 2018).
Revisión por Amparo Montejano


Muchas personas conocieron el nombre de Philip K. Dick por los créditos finales de la ingente  película  Blade Runner, el film ochentero que el gran Ridley Scott adaptó de su novela «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?». Otros quizás leyeron << Ubik>>  -una de entre las más de su treinta novelas que, en el 2005, la revista Time Magazine puso entre las 100 mejores novelas de todos los tiempos-. O quizás leyeron su libro  «El hombre en el castillo», considerada una obra destacada del subgénero ucrónico. Estoy convencido de que tras sus lecturas no se quedaron indiferentes, y consideraron que Dick era un autor delirante, (ante las múltiples imágenes psicodélicas de sus obras). No se equivocan. Y es que, Dick sufría de PPD o locura razonante (paranoias), que se acrecentaron con el abuso que hizo de las drogas, sobre todo de las anfetaminas y otras sustancias como el LSD. Y su obra, indudablemente permeabilizó esas ideas vesánicas de persecución, hipervigilancia y desconfianza suma, de todos y de todo...  De hecho, fue el mismo autor quien confesó en la revista Rolling Stone (1975), que muchos de sus libros escritos -hasta finales de los años ´70- fueron hechos bajo la influencia de las anfetaminas. 

Dick tiene un nivel elucubratorio ingente, en comparación con otros escritores de su generación. En el prólogo de "Exégesis", el diario íntimo de Philip K. Dick, el escritor Jonathan Lethem comenta: «Ellos estaban escribiendo sencillas fábulas, por más que no quieran admitirlo. Pero Dick se ocupa, de manera distintiva y directa, de la resaca del terror y de lo irracional en la sociedad contemporánea y tecnológica. Este fue el motivo, por el cual la ciencia ficción empezó a ser importante. Porque se enfrentaba con el hecho de que estamos viviendo en una "Era Tecnocrática" en la cual las artes tradicionales, literarias y demás, no tienen mucho que decir sobre esto... no encuentran un vocabulario para reconocer la velocidad de cambio en la vida cotidiana». 

Hay que considerar que Dick fue un exacerbado crítico del capitalismo y la sociedad de consumo; de hecho, muchos de sus relatos y novelas retratan sociedades regidas por organizaciones opresoras. Tuvo ideas de "izquierdas": se opuso, entre otras cosas, a la Guerra de Vietman (lo que provocó que el FBI lo fichara). 

En una entrevista en «The Library of America» al escritor Jonathan Lethem acerca de Philip K. Dick, éste menciona que: «Robert Sheckley, Frederick Pohl, Cyril Kornbluth, William Tenn, y un número de otros escritores, están empujando a la ciencia ficción ha tener una finalidad de sátira y crítica social. Ellos usan la sátira para exponer las trampas,  paradojas y la perversidad del consumismo capitalista». En esto, Lethem no se equivoca pues, por ejemplo, consideramos la obra «Mercaderes del espacio» de Frederick Pohl y Cyril Kornbluth, como una amarga detracción de la sociedad capitalista de consumo, y del uso de la publicidad como herramienta de persuasión colectiva. 


Desde mi humilde punto de vista, Dick no tiene una prosa bien cuidada. En su época, muchos críticos le recriminaron sus «crímenes literarios». Tal como lo cuenta Jonathan Lethem: «(Dick) Estaba escribiendo con un tipo de intensidad visionaria personal que no tenía tiempo para algunas de las sutilezas, algunas de las dudas y las revisiones que podría hacer un escritor literario». En esto acoto que Dick tiene un estilo disperso y caótico. Tiene un radicalismo en su obra que bordea lo experimental. Para Jonathan Lethem «el radicalismo en su trabajo no funciona en la forma que otros escritores o críticos entienden por estilo, es decir, las decisiones tomadas frase por frase. Pero hay un radicalismo formal en su trabajo, en la forma en que estructura sus novelas, en la forma en que compone escenas, la forma en que avanza historias, la forma en que confunde tipos diferentes de material y "tonos" divergentes como la desesperación o la sátira. (…) No es exactamente lo que uno normalmente piensa al hablar de estilo. Es más una cuestión de forma y motivo».

Las obras de Dick tienen un tinte filosófico. Muchas de su obras nos plantean preguntas acerca de la realidad perceptible y de su fragilidad. Por ejemplo, en "Exégesis", Philip Dick confiesa que: «Soy un filósofo que ficcionaliza, no un novelista; mi habilidad de escribir cuentos y novelas es utilizada con el fin de dar forma a mis percepciones. El centro de mi escritura no es el arte, sino la verdad. Por lo tanto, lo que yo cuento es la verdad, y sin embargo, no hay nada que pueda hacer para aliviarla ni por hechos ni explicaciones. De todas maneras, creo qiue mi escritura ayuda a las personas sensibles y atormentadas con el mundo que les rodea. Creo que entiendo qué les ayuda: ellos no pueden atenuar sus propias sospechas sobre la irracional y misteriosa naturaleza de la realidad. Y para ellos, el "corpus" de mi escritura es un largo argumento acerca de esta inexplicable realidad. Es una integración y presentación y análisis y respuesta e historia personal». Como Dick  menciona, él mismo está atormentado por su inestabilidad, sus emociones y su propia percepción de la naturaleza de las cosas. Basta leer una novela como «Tiempo desarticulado»,  para comprender "las paradojas de la realidad", y "aquello" de lo que Dick dudaba, pues, para el autor, la realidad era un gran teatro, un set de televisión en donde se maquillaba la realidad, (tal y como la entendemos). 

Philip K. Dick fue un autor complejo que abordó, desde varias aristas, temas muy cercanos a nuestra contemporaneidad. Un autor que se adelanto a su tiempo a la hora de plantear los temas de las realidades paralelas; un crítico mordaz contra el sistema capitalista... Y fue quizás, esta misma lucha, la que lo castigó, y no llegó a otorgarle -en vida- el reconocimiento que merecía.

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