• "Bienvenido a mi morada. Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae." -Drácula
  • Sherlock Holmes, aquel que todos recordamos, poco o nada tiene que ver con lo sobrenatural. Mas, no es infrecuente enfrentar a Holmes contra lo extraño, lo mágico y lo inexplicable… He aquí algunas obras.
  • "El Bien y el Mal, encarnados a un nivel cósmico e inasequible en la Tortuga y la Araña, toman una forma mucho más cotidiana en estos consortes, manteniendo el juego del autor durante toda la trama. La gran aventura convertida en algo diario..."
  • "Si una idea —o algo más grande— se niega a ser desarrollada, hay que tratar de alterar el enfoque o incluso la forma: si no crece como una historia corta, puede ser un poema..."

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Todo empezó con el meteorito... nueva edición de "El color que cayó del cielo"


Editado por vez primera en la revista (de corte pulp) Amazing Stories, corriendo el año 1927, The colour out of space, es un relato largo de horror cósmico (que el gran Maestro Lovecraft comenzó a escribir, inmediatamente después de su novela corta  The Case of Charles Dexter Ward, y en medio de las galeradas de su ensayo Supernatural Horror in Literature) en el que el escritor de Providence hace alarde de sus ingentes conocimientos científicos (astronomía, biología, e inclusive, filosofía) para presentarnos un relato fantástico de terror weird, en donde, la factibilidad se hace más palpable a medida que nos adentramos por entre sus páginas (de prosa abarrocada, profusamente descriptiva); un horror preternatural que sobrevino sobre la granja Gardner, pero, que, tal vez mañana...   

The colour out of space tuvo dos adaptaciones cinematográficas (de mayor o menor acierto): la primera, en el año 1965, y otra, a finales de la década de los 80 (1987). Actualmente, es Richard Stanley (cineasta sudafricano de culto, gracias a Hardware, programado para matar, 1990) quien ha realizado su propia versión del relato de Lovecraft, colocando a Nicolas Cage (declarado fan lovecraftiano), a Joely Richardson (Red Sparrow), Tommy Chong (Zootopia) o Elliot Knight, entre el ingente elenco de actores que tendrán el privilegio de representar el poderoso horror gestado por Lovecraft.

Esta nueva e increíble edición de Pulpture (Colección Almaya), que incluye una meticulosa y cuidada traducción de J.R. Plana, ilustraciones originales (del 27) y la versión audioficcionada de la misma (gracias al trabajo del podcast Noviembre Nocturno), se viste -además- de gala, adjuntando el prólogo del gran editor Javier Jiménez Barco.  

A finales de 1800, en una remota zona rural a las afueras de Arkham, un destello en el cielo precede la caída de un misterioso meteorito en la granja Gardner. Su insólito comportamiento y su anormal composición desconcertarán por igual a agricultores y científicos y, poco a poco, se revelará como una amenaza proveniente de los abismos exteriores, como una entidad hostil cuya naturaleza no es de este mundo, voraz e inagotable, y a la que no se puede hacer frente con ningún medio terrenal…

jueves, 31 de octubre de 2019

Halloween en un suburbio, por H. P. Lovecraft

 Este poema ha sido reproducido gracias a la inmensa deferencia del editor Javier Jiménez Barco. Dicho poema se haya incluído en el volumen El Cubil del Engendro Estelar y otros inéditos lovecraftianos.



Campanarios blancos a la salvaje luz lunar, 
Y árboles dotados de un argénteo fulgor; 
Las altas chimeneas ven a los vampiros volar, 
Mientras las arpías, en el cielo superior, 
Revolotean y ríen en derredor. 

Pues la aldea muerta que bajo la Luna yace, 
Jamás llegó a brillar en el ocaso, 
Creciendo en las profundidades de los muertos años, 
Allí donde el río de la locura se abre paso 
Hasta lo profundo de un abismo en un pozo de sueños. 

Un gélido viento sopla entre columnas de gavillas 
En lívidos prados que resplandecen, 
Y se desliza allí donde las lápidas brillan 
Y los gules del cementerio agradecen 
La comida que ante ellos aparece. 

Ni un hálito de los extraños dioses grises del cambio 
Que arrancaran desde el pasado lo que es suyo 
Podría acelerar esta hora, en que un poder espectral 
Sobre el trono cósmico el sueño sembrará, 
Liberando una desconocida vastedad. 

Así que se extienden de nuevo, el valle y la llanura 
Observados por ya olvidadas lunas, 
Y los muertos saltan jubilosos, bajo los pálidos rayos, 
De las oscuras fauces de la tumba manando 
Para sacudir al mundo con espanto. 

Y todo aquello que surgirá por la mañana, 
La pestilente fealdad 
De manzanas de ladrillos y piedra, 
Con los demás algún día estarán, 
Habitando junto a sombras de maldad. 

Ladrarán pues en la sombra, los lemures salvajes, 
Y ascenderán leprosas espirales; 
Pues tanto lo nuevo como lo viejo son iguales 
Del horror y de la muerte están sembrados, 
Para por los sabuesos del Tiempo ser devorados. 

(Ilustración: Virgil Finlay) 


"Cabra Roja, Cabra Negra": Nadia Bulkin y el (otro) horror lovecraftiano

 Ilustración de Richard Luong

Por Bobby Derie
Traducción por Amparo Montejano


¡La Cabra es nuestra verdadera madre! ¡Ella es la verdadera 
madre de todos! 
-Nadia Bulkin, Cabra Roja, Cabra Negra 

Desde los años 30, los aficionados y escritores han intentado dar forma y orden a los Mitos en un ritual participativo, heterodoxo y variado, aunque, la comprensión de cada lector siempre resulta única…, construida y moldeada por todo aquello que ha leído, por todas las conexiones que ha edificado su propio intelecto y por la manera en que su imaginación es capaz de rellenar los huecos vacíos. Por todo esto se diría que no hay un canon como tal, sino múltiples posibilidades… 

En Cabra Roja, Cabra Negra, Nadia Bulkin abre una puerta a otra casualidad, recreando una historia que sabemos que trata acerca de la entidad primigenia Shub-Niggurath, pero, sólo por inferencia, al evitar, convenientemente, los tópicos de los pastiches sobre los Mitos de Cthulhu. La Cabra Negra de su título es, en el mejor de los casos, una sugerencia del epíteto La Cabra Negra de los bosques de los mil retoños, que, simplemente llegamos a deducir que Bulkin se refiere a Shub-Niggurath en esta historia, en la que no llega a citársela como tal, ni a emplazarse en lugares lovecraftianos familiares ni tampoco a referirse a manuscritos o grimorios malditos que hagan una alusión directa a la ortodoxia de los Mitos (en diferenciación con otros textos de autores como Molly Tanzer y su relato: Todo esto para la GRAN GLORIA de los séptimos y tricentésimo vigésimo novenos hijos de la CABRA NEGRA de los BOSQUES, 2012, o los de la propia Valerie Valdés con: Testigos de Shub-Niggurath del 2015). 

Bulkin talla su propio trozo de tradición con la habilidad sangrienta que emana de una película de terror del sudeste asiático (por ejemplo, de Indonesia). El escenario del enigmático y exótico Oriente no se teatraliza tal cual podría haber sido en los tiempos de Lovecraft, porque, ella lo cementa y desarrolla tal cual hizo Lovecraft con Dunwich (personajes como parte orgánica de un todo, en el que las tradiciones y localismos no resultan falseadas, forzadas o innecesarias). 

No obstante, eso no exime a Cabra Roja, Cabra Negra de participar de la esencia de los Mitos, puesto que la Cabra es algo exógeno del sistema supersticioso que integra al conocimiento de los personajes que interpretan un relato; es decir, aspectos de Ella ya son tratados por otros escritores como Peter Tupper, con su relato El modelo de Koenigsberg (2011), o en la propia encarnación que hace Lovecraft de la terrible madre Cibeles en su relato Las ratas en las paredes (1923). 

La historia creada por Bulkin tampoco pretende participar de un conato humorístico (ya sea irónico o de cualquier otro tipo), pues es una historia sangrienta, pero, tampoco reside en ella ese regusto escatológico y visceral que tiene el gore… Para ello, Bulkin se mueve rápido, no sea que el texto se empantane con suciedad adhesiva, construyendo un horror sádico, aunque pasajero, que reconduce al lector —con un ritmo claramente cinematográfico— hacia un breve mini-clímax, que no representa el final de la crónica, sino tan sólo el final del capítulo. 

 Ilustración de Moracz

Es una buena historia que deja con ganas de más, porque, Bulkin podría haber escrito Cabra Roja, Cabra Negra como una novela gótica javanesa en la que nada parecería encontrarse fuera de su sitio… Lo cierto es que no es así: no existen respuestas para lo que en ella ocurre, obligando —de esta manera— al lector, a encajar su narración dentro de su propia comprensión —personal— del Mito: una encarnación más de Shub-Niggurath, un hilo más en la urdimbre de un tapiz interminable que debería formar parte de los Mitos (personales) de muchos más lectores. 

Red Goat, Black Goat se publicó por vez primera, y de forma gratuita, en Innsmouth Free Press #4 (junio de 2010); ha sido reimpreso en Lovecraft's Monsters (2014) y en la colección She Said Destroy (2017) de Nadia Bulkin.

viernes, 25 de octubre de 2019

Tres alturas, por José Luis Díaz

Ilustración de Miguel Navia  

Por José Luis Díaz


…aquella cosa siguió siendo tan humana 
y espantosa como una persona real; 
y era espantosa precisamente por ser humana. 

Otra vuelta de tuerca 
Henry James 


Luis conduce por un bacheado camino, en pleno bosque. A medida que progresa, busca algo entre los árboles. Se lleva la mano a la espalda visiblemente dolorido, quejumbroso. 
Poco después, enfila un segundo camino que pronto lo acerca hasta un inmueble cuya añeja apariencia ha conocido tiempos mejores. Delante, un coche. En la puerta, una mujer de aspecto urbano con un portafolios. 

–¿El señor Más, Luis Más? –pregunta aquella en cuanto él pisa, «¡Ay!», el suelo. 

–Sí… 

 –Soy Eva Torres, de la inmobiliaria –ofrece su mano–. Siento decirle que no voy a poder enseñarle la casa. 

–¡¿Cómo?! 

–Me ha surgido un imprevisto y debo irme enseguida. Pero no se preocupe–tranquiliza–: aquí tiene la llave. Pase usted. 

–¿Yo…? 

–Sí. A su aire, con total confianza. Como verá, la vivienda consta de sótano, planta baja, primera planta y desván. Tres alturas. 

–Si no hay otra opción… –asume Luis cogiendo la llave, dolorido. 

–Cuando termine, déjela en esa maceta de ahí: ya pasaré a recogerla. ¿Se encuentra bien? 

–Más o menos. Hace unos meses sufrí un accidente y la espalda aún me culpa por ello. 

 –Ánimo entonces. ¿Puedo preguntarle qué le trae por aquí? 

–Turismo rural. Quiero abrir mi propio negocio. 

–¡Fantástico! En ese caso, ha venido al sitio ideal. Disfrute –desea Eva camino de su coche. 

–¿No teme que le robe los cubiertos? –bromea él. 

–En absoluto. La casa le va a gustar tanto, que los cubiertos me los regalará como agradecimiento por vendérsela. 

2 

Luis abre la puerta principal y lo golpea la atmósfera sólida y rancia de las construcciones deshabitadas. El mobiliario, antiguo y polvoriento. 

–¡Buf! Sus últimos inquilinos debieron ser… 

En el vestíbulo, de izquierda a derecha: una puerta (cerrada con llave, según comprueba), un estrecho pasillo, la escalera que conduce a la primera planta y una segunda puerta, también obstruida. 
Se adentra por el pasillo. Salvo el de la cocina, todos los dinteles que encuentra están bloqueados. 

–Empiezo a pensar,… ¡ay!, que me he dado la paliza del viaje para nada... 

Entra en aquella, puro descuido. Descubre en el centro de la estancia, bajo la mesa, el rectángulo abierto de una trampilla. 

–El sótano, imagino… 

Intenta mover el mueble y un doloroso latigazo le fustiga las lumbares. Se agacha y gatea. 

–No es la postura más elegante, pero al menos… 

Encuentra una sucesión de escalones en cuyo fondo, semioculta en la oscuridad, despunta una pala. Duda. 

–Pensándolo bien, mejor dejarlo para luego... 

Extenuado como un alpinista en la cumbre del Everest, Luis corona la primera planta aferrado a la barandilla. 
Más puertas. Todas cerradas. 

–¡¿Así recibes a quien se interesa por ti: dándole con las puertas en las narices?! ¡¿Quieres acabar convertida en una montaña de leña, eh?! ¡¿Es eso lo que quieres?! –vocea a la casa, frustrado. 

De improviso, como respuesta a su reproche, una segunda escalera se despliega estrepitosa desde el techo, en el pasillo. Luis recula hasta un rincón, temeroso. 

–¡¿Ha, hay alguien ahí…?! 

Sin respuesta, se acerca tímidamente: 

–Y esto debe ser… 

Sube a una buhardilla con techo a dos aguas también anegada por el polvo. 
Enfrente, un rosetón acristalado. 

–Más de lo mismo… No sé si este sitio puede tener futuro como negocio… 

Asomado al tragaluz: fuera, tres alturas más abajo, su coche. 
Se dispone a bajar y queda atónito. Ahora, de repente, la trampilla ya no se abre a la segunda planta, sino… a los escalones del sótano en cuyo fondo, semioculta por la oscuridad, despunta una pala. 

–¡¿Pero qué…?! 

Se aventura, tímido, en la negrura. Uno de los peldaños, quizá podrido, cede bajo su peso y acaba sentado de golpe. 

–¡¡Aaaah!! –grita, transido por el dolor. Teme no poder levantarse. 

Alcanza un interruptor al final de la pared: la mortecina luz de una sucia bombilla ilumina un recinto cuadrangular surcado por pilares y traviesas. 
Luis niega, atónito. 
Apoyado en la herramienta a modo de bastón, sube, «¡Ay!», y se asoma… ¡al desván! 
Ahoga una risita sintiéndose absurdo. Otea bajo el suelo-techo, frontera que separa ambos niveles, intentando atisbar el menor rastro de los espacios perdidos. 

–¡¿Qué… qué locura es esta?! ¡¿D, dónde están la planta baja y la primera planta, las dos alturas que… faltan?! 

Agitado, suelta el apoyo y saca su móvil. Intenta encenderlo, sin éxito. Lo estrella contra la oscuridad. 

3 

–¡Así que esto es lo que quieres! –exclama mirando a su alrededor, sopesando de nuevo el utensilio, desafiante–. Para salir de aquí tengo que cavar un túnel... Para eso es la pala, ¿no? ¡¿Quién eres?! ¡¿A qué juegas?! ¡¿Qué quieres de mí?! 

Tantea el piso y el muro con el metal: roca pura. La golpea y se le escapa un doloroso gruñido. Tira la pala, furioso. 
Aparece en el desván, arrastrándose. 
Caída la noche, sobre las tejas empieza el golpeteo rítmico y progresivo de la lluvia. 

 –Agua… –murmura, esperanzado. 

Gatea hasta el rosetón: el aguacero llora sobre el cristal. Se incorpora a regañadientes e intenta la apertura. Sin fuerzas. Insiste y la logra. 

–Gracias… 

Sacia la sed usando las manos como cuenco. Se deja caer, molido. 
Ya de día, lo despierta un motor: 

–Eva…–recuerda–. ¡Eva! ¡¡Eva!! ¡¡Socorro!! 

–¡¿Luis?! –exclama la mujer. Sorprendida, desconcertada –¡¿Qué hace ahí… desde…?! ¡¿Qué ocurre?! 

–¡No puedo salir! ¡Ayúdeme! 

 –¡Tranquilo…! ¡La llave! ¡Tire la llave! 

Luis busca entre sus ropas, ansioso. 

–¡Ahí va! 

Escrupulosa, Eva busca entre el barro. 

–¡Ya la tengo! 

–¡El sótano! ¡Suba a través del sótano! 

–¡¿Qué?! 

 –¡Confíe en mí! ¡Vaya al sótano! 

Aturdida, Eva corre hacia la casa. 

–Por fin… Por fin saldré de esta pesadilla… –se confiesa él, contento. 

De súbito, algo empuja la escalera y cierra la trampilla con gran violencia. 

–No… ¡No! ¡¡NO!! 

Renquea hasta aquella e intenta abrirla, impotente. 
Eva entra en la cocina. Descubre la trampilla, cerrada. Forcejea y... Bajo la madera, suelo puro y duro: el sótano no existe. 

–¡Por todos…! 

Sale al zaguán y sube a la primera planta. A la segunda trampilla, también cerrada. Repite la maniobra y… Sobre la madera, techo puro y duro: el desván tampoco existe. 

–¡¿Có… cómo pueden desaparecer… el sótano y la última altura?! ¿Qué…? ¡¡Luis!! ¡¿Luis, sigue ahí?! ¡¿Me oye?! 

Silencio. 
Eva corre escaleras abajo y se precipita fuera de la casa. 

–¡¡Luis!! ¡¡Luis!! 

–¡¡Sí!! –se asoma al cabo– ¡¿Por qué está ahí?! ¡¿Qué pasa?! 

–¡Algo extrañísimo! ¡No se lo va a creer, pero…! ¡Han desaparecido el sótano y la altura del desván, su altura! 

–¡Se equivoca! ¡Faltan la planta baja y la primera, las otras dos alturas! 

Confundida, Eva saca el móvil. 

–¡No funciona! ¡Voy a buscar ayuda! 

–¡No tarde! ¡Por Dios bendito, no tarde! ¡Se lo ruego! 

La mujer sube en su coche y se aleja a toda velocidad. 


Eva conduce de vuelta. Precede la marcha de un coche policial. Ambos vehículos se detienen. Aquella grita de pronto y se apea. Policía y Ayudante la imitan, boquiabiertos. 
La casa se ha derrumbado quedando convertida… en una montaña de leña. 
Los agentes intentan tranquilizarla. Se acercan los tres. 
Aún sobrecogida, Eva grita de nuevo señalando los escombros: asoma, inconfundible, el cadáver de Luis. Ayudante la aleja. 
Policía intenta establecer comunicación con su walkie: 

–Qué raro… No…

Unos metros más allá, aquel pregunta: 

–¿Estaba solo? ¿Había alguien más en la casa? 

–N, no… ¡Ay! ¡Pobre hombre…! 

–Intente calmarse… 

–¡Espere! ¡¿Ha oído eso?! 

–¿Qué? 

–Un ruido. ¡Por ahí! Donde estaba la cocina… 

Se suceden varios golpes. Policía se reúne con ellos.

–¡El sótano! ¡En el sótano! –urge de improviso, tan exacta e inconfundible como su propia muerte, la voz de Luis Más–. ¡Estoy aquí, Eva! ¡Sácame! ¡¡Sácame pronto, Eva!!  

©Copyright José Luis Díaz Marcos para Círculo de Lovecraft, Octubre 2019. 

Windumanoth. Revista de género fantástico

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