miércoles, 15 de mayo de 2019

Houses under the Sea: Los horrores lovecraftianos de Caitlín R. Kiernan



Desde que nuestro amado Maestro, H. P. Lovecraft, inició su andadura literaria (junto a otros muchos jóvenes y prometedores autores que edificaron el "primigenio Círculo de Lovecraft": Frank Belknap Long, Robert E. Howard, Robert H. Barlow o Robert Bloch —entre otros), muchos han sido los escritores que se han adentrado en el profético y laberíntico universo único de los Mitos. Desde Emilio Bueso, Victor la-Valle , Rampsey Cambell o el propio Stephen king... que han bebido u ondeado por entre las oníricas y ancestrales aguas del océano cosmológico creado por "el soñador de Providence". Mas, no obstante, una de ellos, la prolífica y lisérgica Caitlín R. Kiernan, ha sabido —como nadie— aportar su particular y característica rública a este panorama que semejaba masculino. Y ahora, y gracias a Subterranean Press, se alza la antología Houses under the Sea (título muy elocuente), en el que una treintena de cuentos (desde "Valentia" hasta el más reciente, "M Is for Mars"), Caitlín nos acerca al universo de los Mitos... Esos que nunca mueren: esos que se gestan proféticos...


Tabla de contenidos: 

Lovecraft y yo por Caitlin R. Kiernan 
Valentia (1994) 
So Runs the World Away 
From Cabinet 34, Drawer 6 
The Drowned Geologist (1898) 
The Dead and the Moonstruck 
Houses Under the Sea 
Pickman’s Other Model (1929) 
The Thousand-and-Third Tale of Scheherazade 
The Bone’s Prayer 
The Peril of Liberated Objects, or the Voyeur’s Seduction 
At the Gate of the Deeper Slumber 
 Fish Bride 
The Alchemist’s Daughter (A Fragment) 
 Hounwife 
Tidal Forces 
John Four 
On the Reef 
The Transition of Elizabeth Haskings 
A Mountain Walked 
Love is Forbidden, We Croak and Howl 
Pushing the Sky Away (Death of a Blasphemer) 
Black Ships Seen South of Heaven 
Pickman’s Madonna 
The Peddler’s Tale, or Isobel’s Revenge 
The Cats of River Street 
M is for Mars 

The Dandridge Cycle

A Redress for Andromeda (2001) 
Nor the Demon Down Under the Sea (1957) 
Study for The Witch House (2013) 
Andromeda Among the Stones 

jueves, 11 de abril de 2019

"Un verano tenebroso" de Dan Simmons: Regreso a Elm Haven gracias a la reedición de Ediciones B


Los amantes de la literatura de género nos hallamos tod@s de enhorabuena pues, el 13 de junio, Dan Simmons (El Terror, Ilión...) regresa a nuestros hogares con una novela -editada en nuestro país por vez primera en el año 94- que yacía descatalogada desde hacía más de 15 años: Summer of Night o Un Verano Tenebroso. Y los encargados de tamaña y genial propuesta han sido sus primeros editores:el equipo de Ediciones B

Y es que, Un Verano Tenebroso es la típica novela de temática adolescente que, a medida que va desilvanándose su trama, se desquita -¡y con mucho!- de su "coletilla juvenil", para adentrarse por entre un universo lúgubre y ominoso, en donde un grupo de niñ@s se verá envuelto en el horror de toparse de frente con fuerzas ultraterrenas y entes sobrenaturales, que sembrarán nuestras pesadillas del más acerbo "Terror IT". 

Sabemos que la novela de Simmoms lleva visos de transformarse en adaptación cinematográfica gracias a la firma Sony.  

Editada por vez primera en 1991, le valió a Simmons una nominación a los British Awards al año siguiente. Mas, a partir de la primera quincena de junio... ¡Disfrutaremos de ella como niñ@s!, pues: El Mal no descansa, está ahí fuera, y quiere lo más preciado que tenemos... 

Sinopsis:
Ambientada en la pequeña ciudad de Elm Haven, Illinois, en 1960, Un verano tenebroso cuenta la historia de cinco preadolescentes de doce años que, tras la desaparición de un compañero de clase, se proponen descubrir qué ha pasado con él. Sin embargo, descubrirán mucho más que eso. Desde las profundidades de la Old Central School, el mal acecha. Una vieja campana traída de Europa con una extraña leyenda, un soldado muerto que los persigue, gusanos gigantes con hileras de afilados dientes, el cuerpo animado de un profesor fallecido, una serie de demonios monstruosos que han despertado y que solo nuestros cinco protagonistas podrán desafiar. 

viernes, 5 de abril de 2019

W. H. Pugmire: “La Reina del Horror Eldritch"

Traducción por Amparo Montejano

“Es un hecho extraño y curioso el que me hizo saberme autor y “Lovecraftiano”, tan sólo tras haber experimentado el estilo de vida Punk Rock. No obstante, siempre tuve la sensación de ser diferente, pero, no fue hasta que me hice el piercing en la oreja y me afeité un poco el pelo, cuando comencé realmente a sentirme como “El extraño”. [...] Mencioné a Lovecraft en los primeros números de Punk Lust y, estaba encantado cuando iba a los conciertos locales y la gente se me acercaba y gritaba con un fervor ebrio: << ¡Ia! ¡la! ¡El Caos Reptante! >> Pero, esto fue hace mucho tiempo, antes de que Lovecraft se convirtiera en un juego. La gente que lo conocía, había obtenido —leyendo su ficción— un conocimiento oculto. [...] Y ahora, tenemos un acontecimiento maravilloso: los niños punk están creciendo para convertirse en notables autores de horror, a menudo mezclando el punk con su ficción macabra. Esto es algo natural para aquellos de nosotros que gustamos de retratar nuestra vida personal y nuestras relaciones sentimentales, a través de nuestra ficción de terror”. 

 —W. H. Pugmire, “Lujuria” de Tales of Lovecraftian Horror #4 

Tras la muerte de August Derleth en 1971, los Mitos se abrieron —lentamente— a todo un nuevo y variopinto grupo de escritores. Durante los años setenta y ochenta, el mayor desarrollo de la ficción de los Mitos Lovecraftianos fuera de Arkam House, se produjo a través de revistas de pequeña tirada y folletines baratos, escritos en su inmensa mayoría por y para el fandom amateur. Las asociaciones de prensa aficionada —como la Orden Esotérica de Dagón (EOD) — recopilaban revistas para envíos masivos, lo que facilitaba una mayor difusión de poemas inéditos, relatos de ficción, y artículos sobre Lovecraft y los Mitos que se difundían extramuros del control editorial que en aquel momento podía ejercer un editor. 

Muchos de los nuevos escritores de los Mitos se dieron a conocer a través de las revistas; tal es el caso de Brian McNaughton, Robert M. Price, Stanley C. Sargent, y Wilum Hopfrog Pugmire —un escritor, editor y “reina punk”, la autodenominada “Reina del Horror de Eldritch*, cuyas colaboraciones en revistas incluirían obras tales como: Midnight Fantasies (Fantasías de medianoche), (1973-74); Old Bones (Viejos Huesos), (1976); Queer Madness (Locura Gay), (1981); Visions from Khroyd'hon (Visiones desde Khroyd´hon), (1985); Revelations from Yuggoth (Revelaciones de Yuggoth) (1987-89) y Tales of Lovecraftian Horror (Cuentos de Horror Lovecraftiano), (1987-99). En Tales, Pugmire describió un enfoque progresista de Lovecraft y su ficción: 

“El horror Lovecraftiano es mi obsesión. Cuando nada más puede curar el hastío, sólo tengo que recurrir a uno de los innumerables libros o revistas y, de repente, mi tristeza desaparece. Y cuando me siento osado, trato de escribir yo mismo. [...] Y, sin embargo, cuando decido finalmente convertirme en un editor de ficción lovecraftiana, me doy cuenta de que no sé bien qué es lo que ando buscando. Me doy cuenta que no puedo describir con precisión qué es lo que yo entiendo por “Horror Lovecraftiano”, aunque, tengo muy claro que no busco la ficción de moda que se hace en los Mitos de Cthulhu. Y no es que yo sea un anti-Mitos… tan sólo odio la manera en que, otros conceptos de terror, han usurpado el horror de Lovecraft”. 

—W. H. Pugmire, "Horror Lovecraftiano” en Tales of Lovecraftian Horror #1 

Ilustración de Matthew Jaffe

Y es que, en ese preciso momento, se estaban publicando una considerable cantidad de seriales de ficción de los Mitos, como, por ejemplo, Crypt of Cthulhu (La Cripta de Cthulhu, 1981-2001, 2017-) y Chronicles of the Codex Cthulhu (Crónicas del Códice de Cthulhu, 1985-2000), así como antologías tales como Chaosium Call of Cthulhu Fiction (Simposio sobre la ficción en La llamada de Cthulhu), comenzando con The Hastur Cycle (El Ciclo de Hastur, 1993). Fue un período de reimpresión de los relatos y textos favoritos de Lovecraft, así como una etapa de descubrimiento de textos originales; y también fue un ciclo de pastiches, secuelas, precuelas y obras que se relacionaban con los Mitos, dependiendo de su nivel de calidad y originalidad. Es a esta “efusividad Cthulhuiana”, a la que Pugmire se refiere: 

“Los Mitos se han usado en exceso, y la mayoría de los nuevos cuentos que de ellos se escriben, me aburren soberanamente (de fans o de escritores profesionales). Pocos de ellos me resultan verdaderamente “Lovecraftianos”, pues, se asemejan más al tipo de historias que Derleth gustaba de escribir. No tengo intención de publicar historias de Los Mitos de Cthulhu en TOLH, porque, la pequeña prensa tiene la capacidad mágica y deliciosa de actuar como una alternativa a lo que está de moda, es popular y resulta comercial. Es este lado alternativo del horror Lovecraftiano el que espero poder presentar”. (ibíd.) 

La pequeña publicación de prensa Tales of Lovecraftian Horror está muy lejos del mundo de la autoedición y de la impresión bajo demanda que hoy existe; lejos de las explosiones antológicas de los Mitos, comprendidas entre finales del año 2000 y 2010, encabezadas por editores como Silvia Moreno-García y Paula R. Stiles de Innsmouth Free Press; y muy lejos también de las antologías que proliferan en el mercado literario y académico, producidas por editores como Ellen Datlow, Paula Guran o Joyce Carol Oates. Tales of Lovecraftian Horror es una empresa más punk, llena de energía constructiva y de libertad especulativa, pues Pugmire ansiaba centrarse en algo más que bestias con tentáculos y mohosos grimorios que, a su parecer, tan sólo se acercaban a los Mitos a través de sus tropos externos, pero, sin llegar a recalar en la esencia que existe en éstos: 

“El horror lovecraftiano transmite el humor, la atmósfera y las situaciones que para H. P. Lovecraft fueron íntimas y esenciales, y que resultan más que evidentes en su ficción espectral y cósmica. [...] Así como la erudición de Lovecraft está creciendo, también debería crecer la ficción lovecraftiana, convirtiéndose en algo más grande y profundo de lo que hasta ahora ha sido. En lugar de escribir “historias de fórmula”, podemos usar los temas de Lovecraft como una base sobre la cual tratar de construir nuestra propia ficción única. Un buen relato Lovecraftiano debería, creo, poder expresar cosas que nos muevan a experimentar profundas emociones. Utilizando la ficción de HPL y sus sueños —tal y como están registrados en sus cartas editadas—, podemos encontrar la chispa del ingenio que nos sirva en la elaboración de nuestros propios cuentos de terror. Escribir ficción de horror no es un intento de escapar de la realidad, sino que, como le sucedió a Lovecraft, es una forma de expresión de aquellos aspectos de la realidad que nos mueven creativamente, como artistas. Y como humanos”. (ibíd.) 

Ilustración de Matthew Jaffe

A menudo se pasa por alto la influencia que tuvo Pugmire en los tres primeros números de Tales of Lovecraftian Horror. Tales publicó a Thomas Ligotti, Jessica Amanda Salmonson, Ann K. Schwader y a otro buen número de escritores destacados; el segundo número, además, también publicó el episodio de Robert M. Price de Herbert West-Reanimated (que ha engendrado una extraña y enrevesada continuidad —que Peter Rawlik y otros, continúan hoy en día en libros como El Legado del Reanimador, 2015, y Reanimatrix, 2016—). En parte, esto podría deberse a que la serie fue publicada por Cryptic Publications, con la ayuda y orientación de Price —y que sólo sirvió para avivar la figura de éste como editor, en 1996—; no obstante, Price aseguró a los lectores que Pugmire seguía siendo el editor asociado y la “cabeza pensante” de Tales: un espíritu que trataba por todos los medios de encontrar su propia individualidad, (por ejemplo, Pugmire ubicaba sus cuentos en Sesqua Valley, su rincón personal de los Mitos). En cuanto a la faceta de editor de Pugmire, él siempre alentó a sus compañeros escritores a que fueran “más allá de Lovecraft”, sin que la gran personalidad literaria de éste, los restringiera. De hecho, en un editorial, Pugmire recordó: 

“Mientras editaba los primeros números de la revista, recibí una propuesta de un tipo que, en su carta de presentación, expresaba su deseo de convertirse en "el nuevo Lovecraft". Esto me parece totalmente absurdo. Nunca más habrá otro Lovecraft, porque HPL era absoluta y unívocamente él mismo. Esforcémonos con nuestra ficción de terror por ser nosotros mismos, por escribir los cuentos que sólo nosotros podemos contar. Puede que no alcancemos nuestra meta, pero, al menos hemos hecho un esfuerzo honesto en lugar de contentarnos con imitar una fórmula aburrida de los Mitos, vacía de cualquier indicio de ambiente Lovecraftiano. Escucha el miedo que acecha a tu alma y quema en él a tu palpitante cerebro. Entonces, realmente escribirás ficción que exprese un auténtico respeto por nuestro amado abuelo Theobald”. 

—W. H. Pugmire, "Lujuria" en Tales of Lovecraftian Horror #5 

Ciertamente existe en la actualidad, ficción lovecraftiana que se hace eco de los sentimientos de Pugmire. Antologías como Chthonic: Los cuentos extraños de la Tierra Interna, en la que sus autores participan de la ficción de Lovecraft sin llegar a ser esclavos de sus Mitos. Además, y por lo general, existe una idea bastante globalizada de que hay que crear textos originales y de calidad, que vayan más allá de Lovecraft y su “Círculo Primigenio” (Robert E. Howard, Clark Ashton Smith, August Derleth, etc.). 

Ilustración de Matthew Jaffe

Sin duda, hoy en día, los pastiches tienen su lugar, pero, Pugmire fue una de las primeras voces que se alzó para rogar a los escritores que fuesen más allá… Y también, de los primeros que enfatizaron en la idea de que escribir sobre Lovecraft, no es sólo citar a Cthulhu o hablar del Necronomicon. Lovecraft fue original, y la mitología artificial que él y sus discípulos crearon, llamó la atención de los lectores, precisamente por esa originalidad, hasta el punto de que incluso, a día de hoy, es diferente de los cuentos de dioses, semidioses, héroes y fábulas de la canónica Mitología de Bullfinch. 
Pugmire vio en Lovecraft algo que le hablaba, y que también nos hablaba a los demás: 

“Otros chicos punk se están uniendo a la multitud. Tienen el pelo de un color extraño y sus caras están perforadas con piercings; escuchan el death metal y el rock gótico; son ávidos fans de H. P. Lovecraft. Nuestras filas están creciendo, y nuestras voces serán escuchadas. Nuestra ficción de terror llevará en su alma nuestra angustia punk rock. Nuestra ficción, como nuestra música, será la voz de El Extraño”. 

—W. H. Pugmire, "Lujuria" en Tales of Lovecraftian Horror #4 

Wilum H. Pugmire falleció el pasado 26 de marzo (2019). 
No volveremos a ver otra personalidad tan singular como la suya. 












Bobby Derie es el autor de Weird Talers: Ensayos sobre Robert E. Howard y otros y Sex and the Cthulhu Mythos (2014). 

*N. T.: Eldritch es una palabra que significa "misterioso, desconcertante, ominoso", pero que, en español, no existe un vocablo para definir este término.

martes, 2 de abril de 2019

Entrevista con Martin Simonson: Forjando la Tierra Media

Por José R. Montejano

Martin Simonson es el traductor al español de algunas de las obras de J.R.R. Tolkien, maestro de la literatura fantástica; aquel que forjó —como nadie— los pilares de un cosmos “heroico/fantástico” único, con su propia “evolución e involución” histórico-lingüística. 

Simonson ha dado a ese gran sentido de la Maravilla de la obra de Tolkien, una comprensión al castellano; haciendo que los hispano-hablantes podamos disfrutar del mundo fantástico y singular del autor británico. Es pues, para todo “Círculo de Lovecraft”, un honor poder entrevistar a este gran traductor. 

J. R. M. (José R. Montejano) - Nuestra primera pregunta, Martin, sería: ¿qué ha supuesto para ti poder trabajar en base a la obra de Tolkien? ¿Qué evocaciones trae a tu mente, su gran y complejo trabajo artístico? 

Martin Simonson - La tarea de trasladar una obra de Tolkien a otra lengua resulta muy gratificante para alguien que, como yo, se dedica a estudiar y escribir sobre su literatura, pero también supone un reto de primer orden, dada la calidad lírica de sus textos y el particular tono arcaizante presente en muchas de sus obras. Asimismo es una gran responsabilidad, ya que el autor inglés cuenta con un buen número de lectores incondicionales, que mirarán con lupa cualquier nueva traducción que se realice, para ver si está a la altura de los trabajos previos. 

En cuanto a lo que me evoca el mundo de Tolkien, pues muchas cosas. Las obras en su conjunto pueden ser contempladas como un corpus de historias y leyendas mitológicas más o menos coherente. Prácticamente todas sus expresiones literarias — y buena parte de sus investigaciones filológicas — están interrelacionadas, de modo que los lectores, aunque sean casuales, no suelen tardar mucho en darse cuenta de que el conjunto conforma un tapiz literario de enormes proporciones, dotado de una profundidad temporal y espacial absolutamente sobrecogedora. Tolkien construye su legendarium de tal manera que abre múltiples posibilidades de entrada y salida de su universo literario; algunos lectores entran por la vía de El hobbit (la mayoría); otros quizá empiecen por El Señor de los Anillos o por alguno de los relatos breves, como Egidio, el Granjero de Ham. Pocos comienzan con El Silmarillion, pero una vez que lleguemos a esa obra y aprendamos a apreciarla por lo que es — la piedra angular del legendarium de Tolkien, nada menos — se convierte en un punto de referencia ineludible, que arroja una luz trascendental sobre el resto. Esa posibilidad de entrar por diferentes vías, y el hecho de que lo que encontremos nos incite a adentrarnos cada vez más en el sugerente mundo que va tomando forma en nuestra mente, quizá sea uno de sus mayores atractivos, y pienso que es clave en el éxito que Tolkien ha tenido entre un público lector tan amplio. “El camino sigue y sigue”, como diría Bilbo. 

Imagen cedida por el autor

J. R. M. - Y ¿cómo es el proceso de traducción?, ¿qué pasos han de darse para que podamos dar por concluida nuestra labor como traductores de un libro? 

Martin Simonson - El proceso de traducción suele venir determinado por los plazos de entrega, pero lo normal es que el traductor realice una primera lectura a la obra, prestando especial atención al estilo más que al contenido, tratando de encontrar el tono y los registros básicos que dominan la narración. A partir de allí, comienza la labor de traducción propiamente dicha, donde primero se realiza un primer borrador, dejando en rojo determinados pasajes que entrañen dificultades especiales, así como términos concretos que no terminan de resultar satisfactorios por un motivo u otro. Después, la primera revisión de este borrador se centra en solventar estas cuestiones y dejar una versión limpia de dudas de tipo gramatical, sintáctico, semántico, etc. La segunda revisión es estilística; aquí es donde se termina de pulir las expresiones, procurando imprimir un estilo coherente, claro y fácilmente identificable para facilitar la lectura al máximo (dentro de los límites impuestos por el propio original). 

En el mejor de los casos, el traductor conoce al autor previamente; lo ha leído y lo aprecia; entiende sus motivaciones y está familiarizado con su estilo y sus particulares guiños y manías. 

He traducido una treintena de libros de diversos géneros, desde novelas gráficas y ensayos de historia militar y social, obras de teatro y relatos breves, así como diferentes tipos de novelas (novela negra, realista, fantástica e histórica). La obra de Tolkien es muy diferente del resto, en parte porque no se enmarca en un contexto literario concreto — él inventa su propio género, que a su vez proporciona y facilita un diálogo entre varios géneros literarios del mundo real, que van desde los relatos mitológicos de la Antigüedad Clásica y el mundo germánico, pasando por obras épicas y de romance medieval, introduciendo referencias y guiños a las tradiciones de la novela gótica, los cuentos de hadas originales del siglo XIX, la novela de aventuras británica y la novela pseudomedieval de autores como William Morris. Esto presupone que el traductor debe conocer y ser capaz de emular, hasta cierto punto, los registros presentes en dichos géneros. En otras palabras, hay que leer mucho, de todas las épocas, para hacer frente a la tarea de traducir a Tolkien. 

 J. R. R. Tolkien

Por otra parte, traducir a Tolkien requiere una labor sosegada y reflexiva, ya que el autor pesaba, medía y saboreaba cada palabra y frase, leyéndolas en alto varias veces antes de someterlas al papel en su versión final. Esto implica que el traductor debe realizar la misma meticulosa labor, a partir de un texto original que a menudo resulta difícil de procesar para un lector no acostumbrado. Me explico: a Tolkien no le preocupaba, en primer lugar, que las frases sonasen naturales para un lector contemporáneo (digamos que de mediados del siglo XX), sino que encontrasen un lugar natural dentro del propio contexto de la obra. Tolkien se preguntaba a menudo cómo sería el mundo en que las palabras de sus idiomas inventados fueran viables y tuvieran pleno sentido. No pensaba primero en las características de un lugar inventado, y después lo retrataba con palabras, sino al revés: las palabras inventadas iban dando forma al mundo. Esto, trasladado a un inglés inteligible para lectores modernos, se traduce en la presencia de expresiones arcaicas o arcaizantes, que deben encontrar un reflejo adecuado en la lengua de destino — y también dentro del contexto del resto de la obra de Tolkien ya traducida. Por ello es también importante que un traductor que se enfrente a la tarea de traducir una obra de Tolkien conozca el resto de sus obras. Existen conexiones importantes que no se pueden obviar; una multitud de hilos conductores que se entrelazan a lo largo del legendarium, desde los primeros atisbos de Arda que estaban presentes en los textos redactados en 1916-17, hasta El herrero de Wootton Major, el último relato completo que publicó en 1967. Por poner un ejemplo, uno de estos hilos conductores es la preponderancia de los árboles y su papel dentro del conjunto de la obra de Tolkien.
Por lo tanto, si encontramos una descripción sostenida de un árbol en una obra determinada, podemos estar bastante seguros de que tendrá vínculos temáticos, simbólicos, históricos y estéticos con los árboles que le precedieron en el contexto intra-histórico, y para traducirlo adecuadamente quizá tengamos que remontarnos a la época de los Dos Árboles de Valinor, presentes en los textos de El Silmarillion y los Libros de los Cuentos Perdidos, para entender las intenciones que Tolkien podía haber tenido con este nuevo ejemplo. 

 Ilustración de J. R. R. Tolkien

J. R. M. - A colación de la anterior, ¿cómo te enfrentaste a la traducción de las obras póstumas del Legendarium

Martin Simonson - En primer lugar, como comentaba antes, resulta necesario conocer el contexto en que se enmarca cada obra para poder hacer un trabajo decente. En mi caso, llevaba leyendo e investigando sobre la vida y obra de Tolkien desde hacía muchos años, de modo que tenía la ventaja de conocer el resto de su obra y las diversas vicisitudes de la misma en cierta profundidad. Gracias a esta investigación — y a las interminables conversaciones y consejos del director de mi tesis, el especialista Eduardo Segura — ya había recopilado una buena colección de libros de referencia que abarcaban todos los aspectos imaginables de la obra de Tolkien, por lo que tenía a mano bastante material biográfico y crítico, fruto de las labores de otros investigadores, para consultar en caso de necesidad. 

También me gustaría resaltar que en las obras de Tolkien en que he partcipado como traductor no he sido el único (más que en el caso concreto de La historia de Kullervo). Para la traducción de la versión de Beowulf de Tolkien, por ejemplo, tenía la fortuna de poder trabajar con excelentes traductores y especialistas como Nur Ferrante y el mencionado Eduardo Segura, que es uno de los mayores expertos en la obra de Tolkien a nivel mundial. Nos leíamos y comentábamos nuestras respectivas partes, lo cual incidió muy positivamente sobre el resultado final, sin lugar a dudas. En la traducción de la edición para conmemorar los sesenta años desde la primera publicación de El Señor de los Anillos traduje parte de la Guía de Lectura, algunas cartas de Tolkien previamente inéditas, así como varios ensayos y nomenclaturas del propio autor inglés. En lo referente a Beren y Lúthien y La caída de Gondolin, me limité a traducir las partes redactadas por Christopher Tolkien, así como aquellos fragmentos de relatos, cuentos y poemas que no habían sido traducidos previamente. Con esto quiero decir que traducir a Tolkien es un trabajo en equipo, y además no recae únicamente sobre los traductores que trabajan contigo o los que te han precedido en el tiempo; también están presentes los correctores de la propia editorial, que revisan concienzudamente los textos (y por los que profeso una admiración tan sincera como merecida, dicho sea de paso). El trabajo de coordinación, supervisión y edición propiamente dicho es otra faceta muy importante, que corre a cargo del equipo editorial de Minotauro Ediciones en este caso (aquí me gustaría mencionar el riguroso y encomiable trabajo de las editoras Vicky Hidalgo y Natàlia Sánchez, que además destacan por su amabilidad y paciencia). En definitiva, una traducción es un trabajo en equipo, y es muy gratificante ser parte de un grupo de personas tan competente y comprometido con el legado de Tolkien en español. 

J. R. M. - De las obras de Tolkien, ¿cuál es aquella que te despierta un marcado interés (por circunstancias o razones “X”)?; aquella que más te ha abalizado en lo íntimamente personal, Martin… 

Martin Simonson - En diferentes momentos de la vida, diferentes obras de Tolkien te hablan de manera diferente. Cuando era adolescente, por ejemplo, no sabía apreciar la solemne y austera belleza de El Silmarillion, pero sí me entretuvo El hobbit, con sus lejanos ecos de un mundo antiguo e insondable, mezclados con la rústica comicidad de los enanos y Bilbo. Lo bueno de Tolkien es que puedes volver casi a cualquiera de sus obras y encontrar nuevas dimensiones que te conmueven de manera diferente. Un relato en apariencia sencillo como El herrero de Wootton Major adquiere dimensiones mucho más hondas después de leer el ensayo Sobre los cuentos de hadas, y contiene profundas reflexiones espirituales, existenciales y estéticas que pueden pasar desapercibidas para un lector joven. Los hijos de Húrin me parece una gran obra trágica, a la altura de los grandes clásicos universales (y aquí me inclino por la versión de Christopher Tolkien publicada en 2007), mientras que el relato inconcluso Aldarion y Erendis ofrece una visión realista sobre las relaciones matrimoniales y las obligaciones de la vida adulta, difícil de apreciar si no has vivido en pareja y no conoces de primera mano las responsabilidades, tensiones y desengaños que inevitablemente se producen en cualquier relación con el paso de los años. Dicho lo cual, El Señor de los Anillos es su obra magna, un “relámpago de un cielo claro” tal y como dijo su amigo C.S. Lewis en su momento, en alusión a su impresionante originalidad y fuerza narrativa. 

Ilustración de John Howe

J. R. M. - Y La caída de Gondolin, ¿cómo ha sido el traducirla, (ya que será éste el último libro que —se dice— editará Christopher Tolkien)? 

Martin Simonson - Ha sido un proyecto especialmente bonito en la medida en que, como bien apuntas, será la última obra editada por Christopher Tolkien. Desde la muerte de su padre, CT ha realizado una labor increíblemente coherente, sensible y sistemático, propia de un investigador muy perspicaz que además cuenta con grandes dotes como escritor y editor. Ninguna otra persona podía haber conseguido lo que ha hecho Christopher — por su sensibilidad, sus conocimientos, su experiencia, su manera de entender los textos (¡y descifrar la letra!) de su padre, y por haber escuchado y ayudado al autor desde niño (dibujando mapas, corrigiendo textos y realizando lecturas críticas); en definitiva, ha sido parte integral e instrumental del legado global literario de Tolkien. Las sucesivas ediciones que ha realizado de las obras de su padre suponen un impresionante tour de force, una proeza en toda regla. 

J. R. M. - Próximamente, Amazon Studios nos adentrará en los mundos de Tolkien con su serie “ubicada” en El Señor de los Anillos. Sin embargo, y cuando Christopher Tolkien —esperemos y esto suceda en un futuro muy lejano— no se encuentre entre nosotr@s, ¿piensas que existe, acaso una remota posibilidad, de que Legendarium pueda llegar a deteriorarse (en base a la memoria histórica que de los escritos de su padre tiene Cristopher, o que termine transformándose en una especie de “multifranquicia” o marca)? 

Martin Simonson - Claro que existe esta posibilidad — de hecho, lo más probable es que ocurra justo eso, teniendo en cuenta la postura de muchos de los actuales herederos del Tolkien Estate, que han tomado las riendas del legado de Tolkien tras la retirada de Christopher. Por las leyes que regulan el copyright, mantendrán la propiedad intelectual de las obras de Tolkien hasta el año 2043, de modo que en los próximos veinticinco años podemos esperar interpretaciones y adaptaciones de la obra de Tolkien de la más variada índole. Las adaptaciones pueden generar un efecto de distorsión, naturalmente. Por ejemplo, más de un lector reciente se habrá sorprendido — o incluso puede haberse sentido engañado — al leer El hobbit por primera vez, después de haber visto las películas de Peter Jackson. Para muchos de ellos, la obra original de Tolkien constituye más bien una versión de la obra de Peter Jackson, y no necesariamente mejor. 

El propio Tolkien se posicionaba en contra de las adaptaciones cinematográficas, especialmente después de la desternillante (y para Tolkien chocante) propuesta de guión que le llegó a finales de la década de 1950 de la mano de Morton Grady Zimmerman, para una versión de El Señor de los Anillos. Ya en 1938-39 dijo en su ensayo Sobre los cuentos de hadas que las imágenes y las representaciones visuales y auditivas generan otro tipo de efecto en la mente del espectador con respecto a la reacción suscitada por las palabras en un lector. Según Tolkien, en el caso del teatro, por ejemplo, la mente se relaciona de manera diferente con la ficción que presenta, ya que la realidad ya está construida y “terminada” para el espectador. Un lector, por el contrario, debe tomar parte activa en el proceso y (re)crear el mundo evocado por las palabras en su propia mente, ya que éstas estimulan la imaginación de manera diferente, a través de otro tipo de sugestión. 

Ilustración de J. R. R. Tolkien

Sin embargo, Tolkien también dijo en sus cartas que deseaba que otras manos dieran continuidad a su legendarium, expandiéndolo con sus propias interpretaciones artísticas — ya fueran en forma de música, pintura o drama. Creo que ésta es una postura más coherente con las propias convicciones de Tolkien que, a fin de cuentas, giran en torno a la necesidad de aceptar el arte como un Don, no una posesión personal, y procurar que ese Don pueda “saltar de mente en mente”, refractando y repartiendo la luz del Creador original hacia el exterior, como dice en su poema ‘Mitopoeia’. La voluntaria negativa a compartir tu creación y “abrirla” para el uso y disfrute de otros es precisamente lo que causa la caída de Fëanor en El Silmarillion, mientras que la aceptación de esta premisa es lo que salva al protagonista de El herrero de Wootton Major

J. R. M. - Centrándonos más en ti, ¿en qué otros proyectos estás inmerso (ya sea como traductor, escritor…)?

Martin Simonson - Ahora mismo estoy enfrascado en varios proyectos. Por un lado estoy traduciendo al inglés una sugerente obra de literatura fantástica ambientada en una versión mitológica de Asturias. La novela, muy ambiciosa, es de Jonathan Alwars y se titula Los Quince Caballeros de la Décima Orden

También estoy preparando para su publicación una serie de novelas de temática fantástica, organizadas en una tetralogía llamada El guardián sin rostro. Las he escrito en su mayoría con R.M Gilete, y los primeros dos títulos, El viento de las tierras salvajes y El silencio de la selva, se publicarán en diciembre de 2019. 

Por otro lado, acabo de terminar una novela titulada Tierra Media 5.0, en la que unos especialistas en la obra de Tolkien han sido invitados por la empresa británica de realidad virtual Erebor Enterprises a participar en una expedición a una versión virtual de la Tierra Media en la Quinta Edad, en la que ya no quedan vestigios de civilizaciones pasadas, únicamente naturaleza. La tarea del equipo consiste en poblar el mundo de nuevas historias y criaturas, basadas en los postulados tolkienianos para las edades Primera, Segunda y Tercera. Las diferencias de opinión entre los expertos hacen que los conflictos no tarden en aflorar, y el mundo que van creando se vuelve cada vez más extravagante, violento y extraño, lejos de los propósitos de Tolkien. La premisa fundamental de la historia es que la Quinta Edad de la Tierra Media en realidad viene a ser nuestro propio futuro tras una especie de hecatombe, y pone de relieve los problemas derivados de nuestra actual existencia en el limbo entre el mundo virtual y en mundo físico, y los altos niveles de manipulación ejercidos sobre nosotros a través de Internet. 

Por último, este año publicaré también una novela corta escrita hace varios años titulada “James and the Late Summer Moo (“James y la última luna del verano”). Contará con la colaboración del fotógrafo Thomas Örn Karlsson. Con Örn Karlsson he trabajado previamente en otra novela, y ahora mismo estamos preparando textos e imágenes para una exposición que tendrá lugar en Paris a principios de octubre.  

Ilustración de John Howe

Windumanoth. Revista de género fantástico

Satori. Editorial Especializada en cultura y literatura japonesa

Lo insólito te reclama...

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