• "Bienvenido a mi morada. Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae." -Drácula
  • Sherlock Holmes, aquel que todos recordamos, poco o nada tiene que ver con lo sobrenatural. Mas, no es infrecuente enfrentar a Holmes contra lo extraño, lo mágico y lo inexplicable… He aquí algunas obras.
  • " Randall Flagg es, en resumen, un villano creado por Stephen King capaz de hacernos sentir cierta simpatía, y de conseguir que nos preguntemos, si es que nos atrevemos a hacerlo, qué porcentaje de villano hay en nosotros mismos."
  • "Si una idea —o algo más grande— se niega a ser desarrollada, hay que tratar de alterar el enfoque o incluso la forma: si no crece como una historia corta, puede ser un poema..."

sábado, 25 de enero de 2020

Randall Flagg: La maldad en exotránsito

Ilustración de Michael Whelan


Mientras esperaba que la Arena Dragón se disolviese en el vino, Flagg se sentó para estudiar el antiguo libro, encuadernado en piel humana, que el loco Alhazred había escrito en las mortales mesetas de Leng. 

Esta es la referencia, el guiño, más cercano al maestro de Providence que he encontrado en la larga y compleja historia de Randall Flagg, villano recurrente de otro maestro del terror. 
Flagg aparece en “Apocalipsis” y “Los ojos del dragón” como uno de los protagonistas principales, pero también tiene un gran peso en la saga “La Torre Oscura”, obra maestra de Stephen King. De hecho, la primera frase, esa que me enganchó e intrigó siendo un niño, nos dice que “El hombre de negro caminaba por el desierto, y el pistolero iba en pos de él”. Quizá una de las mejores primeras frases de la literatura, que nos plantea un conflicto y dos antagonistas despertando nuestra curiosidad, preparándonos para la adicción. 

Pero no quiero hablar de la épica, ni del heroico pistolero. Hoy quiero dedicar unas letras al villano más influyente de la obra de King. Su primera aparición fue en “Apocalipsis”, también llamada “La danza de la muerte”; esta novela nos cuenta cómo un virus de gripe mutado en un laboratorio escapa del control humano, sembrando una pandemia que a punto está de acabar con todos los hombres y no pocos animales del planeta. Los supervivientes se encuentran, reuniéndose poco a poco en dos grandes bandos, tratando de recuperar o reinventar la civilización. Y los grandes imanes que aglutinarán a estos supervivientes lo harán, primero, apareciendo en sus sueños. Si Flagg se asoma a tus sueños, más te vale estar muerto. 

Este ser, el hombre oscuro, el hombre de negro, surge del desierto sin que ni él mismo tenga claro dónde estaba antes, o si estaba en algún lugar; botas, ropa vaquera, unos cuantos panfletos de grupos radicales y una indomable voluntad de caos son todo lo que tiene. Más que suficiente para alguien con el poder de dominar a los lobos, de matar con un gesto y, sobre todo, de comprender la naturaleza humana. El gran tentador, que mediante la adulación o la amenaza será capaz de ofrecerte todo lo que puedas desear hasta que te rindas a su voluntad. ¿No os recuerda a Nyarlahotep? 

Ilustración de Spencer y Paul Gresoro

Stephen King contó que la inspiración para el personaje fue Donald DeFreeze, uno de los responsables del secuestro de Patty Hearts en 1974. DeFreeze pertenecía a un grupo ultra de izquierdas que exigió como rescate la donación de comida para los pobres por parte de la familia de Hearts. Aunque lo consiguieron, ella no fue liberada, y de hecho se la detuvo tiempo después por participar en algunos de los atracos llevados a cabo por el grupo. Se considera un caso extremo de síndrome de Estocolmo, y muestra esa naturaleza manipuladora, extremista y malvada en esencia que Flagg tendrá en todas sus apariciones literarias. 

Siguiendo con “Apocalipsis”, Flagg tendrá como objetivo la destrucción del bando contrario, la imposición de una sociedad totalitaria en la que el castigo más leve es la muerte. Un mundo de miedo y caos. Sin embargo, no es el clásico villano megalómano que trata de gobernarlo todo. Durante la mayor parte del libro, Flagg está vagando por el desierto, dejando el control de su naciente imperio en manos de subordinados que, por convicción o por miedo, aplicarán sus leyes con todo rigor. Creo que actúa así porque no es un malvado absoluto, sino una especie de emisario, un sumo sacerdote del mal mayor. El desorden no es un objetivo, sino un medio, la forma de sembrar un futuro. Esto le reviste de un aura de misterio, que en no pocas ocasiones nos hace pensar qué vendrá después de Flagg. 

Al acabar “Apocalipsis” encontramos al villano derrotado y, en una forma oscura, renacido en otro tiempo y lugar, dispuesto de nuevo a iniciar su cosecha de maldad. Nos preguntamos si puede morir, si recuerda lo que hizo y quién fue en otras vidas. La inquietante respuesta es que no lo sabemos, ni él mismo lo sabe muy bien. Que el mal regresa. Que siempre estará ahí. 


Apenas seis años después se publica “Los ojos del dragón”, un breve y no demasiado exitoso cuento de príncipes y magos, al viejo estilo de los juglares. Mi opinión personal, que por supuesto no tienes por qué aceptar, es que King se encontraba en un momento de gloria literaria y tenía ganas de divertirse, de hablar con desenfado de la gran epopeya que ya crecía en su inquieta mente, esa Torre Oscura cuya sombra ilumina toda su obra. Se contó a sí mismo, y por suerte a nosotros, un cuento casi infantil en el que esbozaba el mundo que habitaría el pistolero, y Flagg tiene un lugar necesario en ese mundo. 

Como creo que quienes no conocen esta novela la disfrutarán mucho, y además parece que se está preparando una serie de televisión sobre ella, trataré de no desvelar demasiado del argumento. 
Delain, un reino gobernado por el buen, aunque torpe, rey Roland, cazador del último dragón conocido y partidario de hacer las cosas sin molestar demasiado a sus súbditos. Un reino que algún día heredará Peter, el mayor de sus dos hijos, engendrado la noche en que Roland cazó al dragón y comió su corazón aún palpitante; un reino en el que Thomas, príncipe eterno, verá cómo su hermano mayor es admirado y querido por todos, mientras que a él apenas parecen tolerarle o apreciarle. Después de todo, Thomas nació sólo gracias a que el consejero del rey y mago de la corte dio a éste una poción para que pudiese yacer con su esposa. 

El consejero del rey. Flagg. El oscuro mago, siempre cubierto por una capucha sombría, alojado en las tenebrosas estancias cercanas a las mazmorras y las salas de tortura. Llegó a Delain hace más de setenta años, aparentando unos cuarenta, y se convirtió en consejero del abuelo de Roland. Ahora apenas parece tener cincuenta y sigue allí, susurrando al oído del monarca la necesidad de subir los impuestos o la conveniencia de aplicar la pena capital en respuesta a todo delito. Por supuesto no lo hace para beneficiar al reino, sino para provocar el descontento de la población, trabajando lenta pero incesantemente en la futura revuelta que traerá muerte y caos. 


Quizá sea en esta novela donde se nos muestra más claramente su naturaleza confabuladora, su aparente apego al desorden, ya que ni siquiera pretende ocupar el trono. Sólo busca la destrucción, y eso es lo que le convierte en un gran malvado, un ser impredecible y por tanto, difícil de detener. Por eso me gusta tanto “Los ojos del dragón”, aparte de ese guiño a Lovecraft que aludí al principio. Por sus personajes arquetípicos, que pueden parecer aspectos maniqueos del Bien y el Mal y que poco a poco se nos revelan mucho más ricos y abundantes en matices, convirtiendo un pequeño cuento de hadas en una historia con entidad propia. Y en un complemento perfecto, un dibujo claro del mundo inmenso que encontraremos a lo largo de los siete volúmenes que componen “La Torre Oscura”. 

Volvemos a encontrarnos con el malvado Randall Flagg en el primer volumen; perseguido por el pistolero, el hombre de negro cruza el desierto. Una persecución implacable que parece durar décadas y venir de años atrás, en la que el pistolero, adalid de la justicia y el orden, intenta atrapar a Flagg, arquetipo del mal y responsable en gran parte de que el mundo se haya movido hacia el caos, hacia la destrucción. En esta epopeya será la Torre Oscura, núcleo de todos los mundos posibles, sujeta a la realidad por los Haces o caminos de energía, la que evite esa caída en el desorden. Y Flagg será uno de los servidores de ese poder que trata de destruir la realidad. 

Por supuesto, entrar en la Torre es entrar en un ejercicio de metaliteratura, referencias e intertextualidad que merecería toda una serie de artículos. Desde “It” hasta “Corazones en la Atlántida” tienen su relación con la Torre, pues todos los Haces conducen a ella, y todo sirve al Haz. 

Centrándonos en Flagg, cuyo oscuro origen parece el lejano reino de Delain, sigue con su objetivo de disgregar el mundo y destruir la Torre; Delain, como la mayoría de reinos del mundo, ha caído. El pistolero y el hombre oscuro pelean por las últimas migajas de la civilización, y acabarán manteniendo un parlamento muy esclarecedor para Roland y para el lector, que entenderá mucho mejor ese papel caótico del mago. Pasados, presentes y futuros, en plural, se entremezclan en la figura de Flagg, dando un contexto a la obra de King difícil de entender sin él. 

Funciona perfectamente como villano, por su naturaleza arquetípica, pero teñida de esa imprevisibilidad; en un gliffhanger perpetuo, nunca sabemos si ha sido derrotado o regresará reencarnado. Sus actos más inocentes, sus palabras más banales, nos dejarán intrigados, puesto que pueden ser vitales veinte páginas o dos novelas más tarde. Su capacidad de analizar y aprovechar el carácter humano -que muestra perfectamente en el primer volumen de La Torre, arrojando a todo un pueblo contra el pistolero- nos hará ahondar en nuestra propia naturaleza y la de quienes nos rodean. 

Es, en resumen, un villano capaz de hacernos sentir cierta simpatía, y de conseguir que nos preguntemos, si es que nos atrevemos a hacerlo, qué porcentaje de villano hay en nosotros mismos. 

Ilustración de Dave McKean

jueves, 23 de enero de 2020

XV Convocatoria de Relatos - Especial Stefan Grabiński


¡Se abre la convocatoria para el nuevo número de la revista! 

1- Podrán participar en este concurso autores de todas las latitudes (en lengua castellana). 

2- El tema elegido para este número será: Homenaje al escritor Stefan Grabiński (tildado como el "Edgar Allan Poe polaco" o el "Polish Lovecraft"); es decir, todo lo que tenga que ver con el ambiente y temática ominosa, inquietante y siniestra que rodeaba a las obras de este gran representante del vesánico terror (hasta el punto de que él mismo llegó a considerar la posibilidad de haber caído en la insania;  sirva como testimonio estas pocas líneas de su cuento Saturnin Sektor

"No puedo liberarme de esa fuerte y dominante voz que me habla, o de ese misterioso poder que empuja a un lado los objetos, despreciando su tamaño; todavía estoy cansado de los interminables caminos monótonos que no llevan a ninguna parte. Por eso no soy un espíritu perfecto, sólo un "loco", alguien que despierta en la gente normal lástima, desprecio o miedo. Pero no me quejo. Incluso así, estoy mejor que los de mente sana".

Partiendo de tan sugerente y sugestiva  premisa de lo que para el escritor polaco era el horror, estamos deseosos y expectantes ante la recepción de vuestros acerados y foscos manuscritos. 

¡Sorprendernos, dejarnos sin aliento!... En definitiva, causarnos desasosiego, extrañeza o temor. Hacer que deseemos que nuestras pobres mentes no hubiesen iniciado las vesánicas lecturas de vuestros manuscritos (si deseáis conocer más acerca de Stefan Grabiński, a continuación os dejamos el enlace al artículo que sobre el gran escritor polaco desarrolló el equipo de Fabulantes.

3- La extensión del relato abarcará entre las 3500 y 6000 palabras (limitación estricta), en formato Word e interlineado doble. Se valorará el hecho de que los relatos sean inéditos, así como la creatividad y la correcta estructura orto-gramatical. 

4- En el envío deberá ponerse como ASUNTO: XV Convocatoria - Stefan Grabiński. Además, y por motivos de la nueva Ley de Protección de Datos Europea, el autor deberá poner en el cuerpo del mensaje su nombre junto con la información abajo establecida: 

Yo: ............ acepto la Política de Privacidad de la web Círculo de Lovecraft, con el fin de poder participar en las convocatorias de relatos, ser entrevistado o poder realizar un comentario en el blog, permitiendo que Círculo de Lovecraft utilice mis datos de carácter personal facilitados para las siguientes finalidades de tratamiento. 

5- El autor, único propietario de su obra, cede a Círculo de Lovecraft el derecho para editarla y difundirla por Internet, en formato pdf o epub (y si fuera posible la edición física del magazine, también en dicho formato).

6- El premio será la publicación y maquetación de los relatos en la revista Círculo de Lovecraft nºXV. No obstante, y por el hecho de que nos resulta imposible abonar al autor una cuantía económica por su relato, el equipo de Círculo de Lovecraft se reserva el derecho de "compensar" a los autores, cuyos relatos hayan sido tildados de "más representativos", con otro tipo de premios (radioficciones, libros...).

7- La selección correrá a cargo del equipo de Círculo de Lovecraft

8- El plazo de entrega de los textos finalizará el 1 de abril de 2020 a las 23:59, hora peninsular. 

Correo de envío: circulodelovecraft@gmail.com

miércoles, 22 de enero de 2020

R´yleh, por Ángel Manzanárez

 Ilustración de Virgil Finlay (1966)

Por Ángel Manzanárez

Me desperté sobresaltado por el frío cosquilleo que produjo el azote de las olas bajo mis pies descalzos. Estaba sobre las aguas del Océano Pacífico. No me pregunten como lo sabía, supongo que es una característica propia de las realidades oníricas proveer al cerebro de información infinita. 

Caminé sobre las aguas oscuras, como un Cristo majestuoso bajo un horrible cielo de estrellas opacas. Avancé, y aunque el miedo reptaba por mi garganta como un horrible gusano blanco, no me detuve, aun cuando escuché emerger del mar un millar de voces impregnadas de antigua maldad. Era un lenguaje extraño e ininteligible, una letanía diabólica que no comprendía, sin embargo, me aterraba. 

La fuerza de las voces se multiplicó transformándose en una saturada conglomeración de ruido que me aturdió y me hizo desfallecer. Mi cuerpo se hundió en el frío océano, y en vano fueron mis presurosos intentos de emerger, pues era víctima de una fuerza incomprensible que me arrastraba hacia la profunda boca de un mundo desconocido. 

Todo fue confusión durante contados minutos, pero cuando por fin pude sosegarme, si es que podía hallarse sosiego en aquella situación, las voces ya habían callado. Observé alrededor, y mi mente no daba crédito a lo que mis ojos veían. Me encontraba en el fondo marino, un sitio gélido y lóbrego rodeado de malsanos corales de tonos enfermizos, y repleto de abismos mortales que llevaban a tumbas submarinas, donde cientos de civilizaciones antediluvianas dormían en el olvido. También admiré con terror a un monstruoso titán que dominaba en silencio las penumbras del mar. Era un pulpo gigante de piel traslucida, cuyo cuerpo entero estaba bordeado por incontables anillos azules que palpitaban como llagas purulentas. Retorcía sus tentáculos con la misma avidez que se retuercen las colas de los reptiles recién cortadas. El monstruo lanzaba profusas mantas de tinta. Era como si algo le inquietara. Pude ver también, no con menos asombro, como nadaban a mi alrededor varios peces prehistóricos y grotescos. Algunos tenían las escamas tan duras que daban la impresión de poseer una textura rocosa. Otros, poseían ojos redondos y saltones, con fauces enormes y una fosforescencia inicua propia de los seres anormales del fondo marino. Podría pasar largas horas narrando el paisaje jurásico que se alberga bajo el infinito mar, sin embargo, no fueron aquellos monstruos naturales los que mellaron mi cordura. Déjenme narrarles, aun con la poca sensatez que me queda, estos delirios de loco. 

Aún apreciaba yo aquel paisaje de pesadilla cuando aquellas demoniacas voces volvieron a la carga con su aberrante retahíla de plegarias. Tapé mis oídos fuertemente, y aun así, aquel lenguaje ultraterreno parecía taladrar mis manos, colarse en mis oídos y estallar en mi cerebro. 
Pude haber enloquecido ahí, pero aquello que me había llamado hasta las profundidades del océano no tenía planes de destruirme precipitadamente. Eso, fuera lo que fuera, tenía planeado consumirme poco a poco y lanzarme, desde la cúspide más alta de la locura, hasta el abismo más negro de la nada. 
Después de un largo canturreo, las voces callaron de nuevo. Aun así, el silencio fue menos tranquilizador que aquel gorgoteo ininteligible. Era un silencio de muerte, ese tipo de silencio que precede a los ecos del caos. 

Y entonces, algo gigantesco bramó; si lo hubiese escuchado en mi forma humana, fuera de la protección de mi pesadilla (o lo que creía yo, era una pesadilla) hubiera muerto de inmediato. Pero mi destino fue peor. Aquel gruñido fragmentó mi alma inmortal, la sumió en la fosa más oscura del desasosiego y la escupió en los espacios más recónditos del cosmos. El sonido que aquello emitió fue profundo, prolongado y ronroneante. Era el gruñido de algo de proporciones mórbidas, la llamada de un dios insidioso que premiaba a quien lo tuviera cerca, con la dádiva de la locura. Entonces, los peces y adefesios que me rodeaban se dispersaron entre las sombras buscando escondrijos bajo la arena, entre los corales y las algas, huyendo incluso hacia aquellos abismos de perdición que tanto me espantaban. Hasta ellos, que eran criaturas horrendas, temían al mal ancestral que las voces habían despertado con sus plegarias. 

Las corrientes se estremecieron y sobrevino el caos. La marea revuelta por las ondas sonoras de aquel gruñido inhumano y atemporal, me devanó como una hoja en un huracán. Sentí el agua golpearme con desdén y la frívola sensación de la muerte. Luego floté, inerte como un cadáver a la deriva, sin imaginar que mi truculenta travesía estaba muy lejos de terminar. 
Lo peor vino cuando la corriente regresó para acomodarse en su caudal. Nuevamente fui arremetido por las aguas turbias, esta vez hacia el lado contrario. No luché, simplemente cerré los ojos y me dejé llevar, como un barquito de papel que se pierde en una boca de tormenta. 

Desperté de mi letargo poco tiempo después y entonces admiré, con temor y fascinación, lo que cualquier explorador moriría por ver; Era una ciudad antigua y de aura sombría, una siniestra urbe cercada por altos muros de piedra ciclópea, cubiertos por una gruesa capa de fango verde que les daba un aspecto viscoso y vomitivo. Dentro de los muros de aquella ciudad sumergida, se podía escuchar de nueva cuenta el gorgoteo de las voces. Lleno de horror, pero sintiéndome prisionero de un influjo más poderoso que mi voluntad, traspasé los muros de aquella misteriosa ciudadela. 

Los edificios de aquella abominación de rocas y algas presentaban una arquitectura imposible y fuera de los cánones euclidianos. Eran como distorsiones de una dimensión monstruosa que convergía con la nuestra. Nada estaba en su sitio, y las leyes tridimensionales que rigen nuestra realidad parecían perder su efecto en aquel lugar. 

La arena bajo aquella ciudad maldita se movía hacia arriba y abajo en intervalos lentos como la respiración de un gigante. Y al compás del movimiento los edificios, los muros y las rocas se iluminaban con un tono verde y fosforescente. Aquel siniestro sitio vivía, brillaba y palpitaba como un corazón. 
Alcé mi vista aún pasmado ante aquel espectáculo luminiscente, y por fin pude ver a los dueños de aquellas voces; eran decenas de criaturas de rasgos anfibios y vagamente antropoides. Tenían cabeza de pez y ojos saltones, vacíos e inhumanos. Sus cuerpos eran de un color verde grisáceo y sus barrigas eran blanquecinas y lisas como una piedra de río. Sus manos y sus patas, que poseían membranas entre los dedos, terminaban en ganchudas y afiladas garras. Sus bocas, eran un nido de afilados dientecillos amarillentos y con ella proferían aquella letanía demencial impronunciable para nosotros; Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn
Temí por mi vida y mi cordura en aquel momento, mientras el enfermizo palpitar verdoso de las luces bañaba mi alma. 

Las voces de aquellos seres de pesadilla subieron en un crescendo vertiginoso que terminó por reducirme al llanto. Sentía una aprensión de muerte en el pecho y mi pánico creció todavía más cuando vi emerger de entre la arena, como asquerosos ácaros, a una populosa hueste de monstruos que superaban en fealdad a los demonios con rostro de pez. Esos seres de verdad eran terribles. Tenían el cuerpo de reptil, escamado y de un color verde sucio. Sus caras estaban llenas de enredados tentáculos que bailaban al son de las plegarias, y sus pequeños ojos rojizos brillaban en la oscuridad del fondo marino. Entonces, desplegaron de sus espaldas unas horribles alas membranosas y se unieron a las plegarias de los batracios emitiendo horribles sonidos guturales. 

De pronto tuve sobre mi cabeza a una corte monstruosa que berreaba invocaciones, y entre más letanías proferían aquellos monstruos, la arena parecía aumentar sus movimientos y la ciudad se iluminaba con intervalos cada vez más cortos. Grité enloquecido, desesperado por despertar. Pero mi garganta no emitió sonido alguno. Lloré como un crio y recé a mi Dios implorándole que me liberara de aquella pesadilla. Pero Dios no estaba en aquella ciudad perdida, no al menos el dios que yo esperaba. Y entendí entonces que, en aquel monumento atemporal, solo gobernaba la presencia de lo desconocido. 

La arena por fin dejó de agitarse y la fosforescencia insidiosa de la ciudad se apagó de golpe. Así mismo, las voces de los seres con rostro de pez y los horridos sonidos guturales de las creaturas que habían emergido de la arena fueron cesando paulatinamente. Pero estaba muy equivocado si pensaba que mi demencial viaje de pesadilla estaba por terminar. 

Un temblor comenzó a revolver la arena bajo mis pies. Lo que antes había sido una planicie donde los enrevesados edificios de arquitectura imposible se cimentaban, ahora comenzaba a convertirse en una boca que engullía por completo la ciudad. El sismo duró varios minutos, durante los cuales los edificios y los muros pasaron a formar parte de un negro agujero de diámetro incalculable. Jamás podría yo haber intuido la ancestral fuerza caótica que estaba a punto de emerger de aquel averno acuático. 

Los monstruos sobre mí se disgregaron temiendo al poderío de aquello que yacía más profundo que el fondo. Y fue entonces que una fuerte corriente burbujeante fue expulsada de aquella boca negra. Era como un géiser que vomitaba algas, pedruscos y arena. 

Un olor nauseabundo me golpeó las fosas nasales, y un terror indescriptible se apoderó de mí. 
La garganta se me cerró y no pude siquiera emitir un gemido lastimero. Quería gritar, retorcerme y rechinar los dientes como un demente, pero mi cuerpo estaba rígido como una roca. Mi cordura se estiró a límites insospechados y terminó por romperse cuando vi aquello que reinaba bajo el mar; Era una bestia inmensa, más grande que la ciudad que lo precedía. Primero asomó la cabeza y pude notar sus escamas pútridas y el moho de los siglos pegado en ellas. Su piel era verde y viscosa, y su tamaño de hombro a hombro rivalizaba con el de las montañas más grandes de nuestro mundo. Lo siguiente en emerger fueron sus alas membranosas y roídas por los incalculables siglos que había permanecido en cautiverio bajo el mar. Después, vi su rostro ancestral coronado con decenas de tentáculos. Su mirada roja y encendida era la reproducción de un caos cósmico que reverberaba como un eco antiguo. Finalmente, su cuerpo se dejó ver entre las burbujas, las algas y la arena. Era mórbido, escamoso y curtido, se me figuraba como el de un dragón. 

Aquel ser caminó a través del mar en busca de la superficie. Era una montaña andante decidida a destruirnos. Mi mente es finita como para comprender los designios de un ser tan antiguo como aquel, pero de su aura yo no podía discernir nada que no fuera caos y destrucción. 

Sucumbí a mi locura y caí de rodillas sobre la arena mientras aquel ser de indecible fealdad y malicia me dejaba atrás, persiguiendo un objetivo más importante y siniestro. 

Después de ver al caos encarnado en aquel ser milenario me sobrevinieron extrañas y veloces visiones. Vi a los planetas adoptar una singular alineación, y a los cultos malditos en diferentes partes del mundo celebrar rituales orgiásticos frente a un fetiche hecho a imagen y semejanza de aquel demonio. Esos hombres y mujeres lanzaban al viento los mismos conjuros que los horrendos seres de mi pesadilla habían estado profiriendo toda la noche. Y entonces mis oídos se abrieron y comprendieron lo que aquel rezo blasfemo significaba: "En la morada de R´lyeh, el difunto Cthulhu espera soñando". 

Vi también, similar a una profecía apocalíptica, cómo las estrellas de nuestra galaxia hervían hasta explotar, formando nebulosas horrendas y oscuras. El sol se congelaba y la luna ardía, mientras todo rastro de vida humana y cordura desaparecía del planeta. La ciudad de R’lyeh emergía nuevamente del mar, y Cthulhu se sentaba en su trono y gobernaba junto a sus huestes en un mundo de absoluto caos primordial. Los cuerpos se deshacían y los cuerdos buscaban la locura que les ayudara a asimilar tan nefasto destino. Finalmente, vi la nada y el polvo en el que nos convertiremos cuando esa criatura llegue a la superficie. Cerré los ojos con la resignación de un condenado a muerte, apreté los labios con impotencia y me sentí desvanecer junto con el universo. 

¡Dios mío, que horrible pesadilla! Aún podía sentir las fibras de mi cuerpo temblando de miedo. Me encontraba en un estado neurasténico y con los ojos cargados de lágrimas. Pero estaba seguro, no había nadie que pudiera lastimarme en mi habitación. Seguía en el Fleur de Lis, el mismo edificio de Rhode Island en el que me he hospedado desde que me adentré a la dichosa aventura de estudiar escultura en la academia de Bellas Artes. 

¿Acaso puedo regresar a la cama sin temer? ¡Estúpido de mí! Toda mi seguridad se transforma en bruma diluida al sentir la arcilla fresca secándose en mis manos. En mis delirios noctámbulos había sido mi cuerpo manipulado por hilos sobrenaturales para crear aquella abominación; en mis manos tenía resguardado un fetiche de arcilla horrendo, hecho a imagen y semejanza de aquel ser que vi en mis pesadillas. Y aunque mis recuerdos comienzan a diluirse conforme el alba irrumpe en mi habitación, ese horroroso bajo relieve de arcilla no me permite olvidar por completo. Quizá sí exista algo insidioso bajo el mar, y ese algo espera pacientemente para ser liberado de su prisión acuática y devolver nuestro universo a un estado de caos primordial. 

El día ya esclarece en su totalidad mi maltrecha habitación, ya hasta he olvidado el significado de aquellas letanías que retumbaban en mi sueño. Sé que quizá tengan que ver con las inscripciones crípticas que he tallado en el pedestal de la figurilla, pero no estoy seguro, quizá deba buscar la ayuda de algún experto en la materia, que ponga luz sobre el enigma. Y quizás, solo quizás, en la revelación vacía de este lenguaje sin pies ni cabeza, pueda encontrar la calma y darme cuenta de que lo mío solo fue una pesadilla combinada con algún extrañísimo caso de sonambulismo. Cualquier cosa puede servir si me ayuda a pensar que no estamos en peligro, y que no existen deidades destructoras venidas de las estrellas y prisioneras en nuestros mares.

miércoles, 15 de enero de 2020

En el descarnado límite de la realidad: "Furnace", de Livia Llewellyn, llegará a España...


Dilatando Mentes Editorial está demostrando hacer una inmejorable apuesta por lo fantástico, ya que ha sido la nave nodriza encargada de traducir (al castellano) obras de autores como Jon Padgett, Philip Fracassi o Ted E. Grau (abordando, con ello, múltiples variantes de la ficción especulativa). Tras presentar, para este año, creaciones como Corsepaint de David Peak o Las damas del óxido de la gran Gwendolyn Kiste (ganadora del premio Bram Stoker a mejor novela 2019), ha anunciado que en 2021 editará la antología Furnace, de la autora Livia Llewellyn. Un compendio de cuentos que ha sido nominado a los Premios Shirley Jackson en dos ocasiones (en 2013, en categoría de mejor cuento, y en 2016, en categoría de mejor colección de cuentos). 

Livia Llewellyn se caracteriza por plasmar historias que cabriolean por entre el surrealismo y el horror, el erotismo, la crueldad y ambigüedad... desde una perspectiva íntima y femenina. De ella (su obra) se dice que posee reminiscencias con la de Clive Barker, Jack Ketchum, Poppy Z. Brite o el propio Thomas Ligotti.

Furnace estará formada por relatos como Stabilimentum, The Last, Clean, Bright Summer (publicado en Primeval – A Journal of the Uncanny, #2) o el propio Furnace (aparecido en The Grimscribe’s Puppet, antología editada por Miskatonic River Press).

martes, 31 de diciembre de 2019

Las mejores lecturas del 2019


Con el 2019 acercándose al final, es hora de ir haciendo un balance de las mejores lecturas -en cuanto a ficción especulativa se refiere- y, en concreto, al género del terror. Como toda selección, es inevitable una lista plenamente subjetiva, en donde comprobaréis prima nuestra preferencia por la fantasía oscura y el terror. La selección de este año está integrada, mayoritariamente, por obras en español, con alguna obra editada en inglés. Esperamos que os guste. Así pues, encended una tenue luz y arrebujaros junto al fuego... ¡Adentraos con nosotr@s por entre aberrantes y luciféricas pesadillas!... 

El color que cayó del cielo, de H. P. Lovecraft (Pulpture Ediciones)

Editado por vez primera en la revista (de corte pulp) Amazing Stories, corriendo el año 1927, The colour out of space, es un relato largo de horror cósmico en el que el escritor de Providence hace alarde de sus ingentes conocimientos científicos (astronomía, biología, e inclusive, filosofía) para presentarnos un relato fantástico de terror weird, en donde, la factibilidad se hace más palpable a medida que nos adentramos por entre sus páginas (de prosa abarrocada, profusamente descriptiva); un horror preternatural que sobrevino sobre la granja Gardner, pero, que, tal vez mañana...
Esta nueva e increíble edición de Pulpture (Colección Almaya), que incluye una meticulosa y cuidada traducción de J.R. Plana, ilustraciones originales (del 27) y la versión audioficcionada de la misma (gracias al trabajo del podcast Noviembre Nocturno), se viste -además- de gala, adjuntando el prólogo del gran editor Javier Jiménez Barco

Dune, de Frank Herbert (Nova Ediciones)

Dune es una de esas novelas que se componen de cientos de pequeñas piezas, detalles, obsesiones e investigaciones fueron dando fruto. Imperios milenarios, galaxias inhóspitas por descubrir y un complejo sistema político intergaláctico. Nova ha reeditado este clásico, a caballo entre la fantasía épica y la ciencia ficción, en una edición coleccionista, acompañada por 12 ilustraciones del prestigioso ilustrador Sam Weber. Todo ello, con el fin de adentrarnos en los secretos del planeta Arrakis, las Bene Gesserit y en extrañas profecías de un Elegido...


Lago negro de tus ojos, de Guillem López (Lee Runas)

Un lisérgico paseo a caballo entre el horror lovecraftiano y la extrema puerilidad rural, y en el que la inquietud y el desasosiego se mantienen imperturbables a lo largo de sus más de cien páginas, en donde policías corruptos, fuerzas secretas del gobierno junto a ciudadanos inhóspitos, cabriolean hacia un entorno onírico. Con una prosa sorprendente, impactante y agradecida, Guillem «vomita» imágenes de forma compulsiva, con un implacable uso de imágenes y metáforas que redundan en forjar la extrañeza per se, de la realidad tambaleante y pervertida, en la que el esoterismo y el culto a lo desconocido (perpetuamente aletargado) florece y refleja la insignificancia de nuestro linaje.

Un descanso para los muertos y otros relatos, de Lucy Taylor (Pulpture Ediciones)

Antología en la que cada relato es, por sí mismo, una pieza única, pues Lucy tiene el don de retorcer la realidad y provocar que una situación mundana se convierta en algo escalofriante e incómodo… Tan incómodo como los temas que desfilan por el fondo de estas historias: violencia machista, incesto, body horror…


De la carne, de Santiago Eximeno (Impresiones Privadas)

Con De la carne, un maestro "cuentista" del terror español: Santiago Eximeno, regresa con 14 relatos, muchos de ellos nuevos y otros anteriormente editados en revistas y antologías de género fantástico. Así pues, nos adentramos por entre un mar de misterios, desasosiegos y... ¿amor? Un acercamiento a otro tipo de terror, donde la pena, la angustia y el desasosiego recorren sus páginas, dejando marcado al espíritu de los crédulos.



El arcano y el jilguero, de Ferran Varela (Ediciones El Transbordador)

Una ambiciosa propuesta de grimdark de Ferran Varela, que nos sumerge en un mundo rico en detalles, donde las traiciones, las profecías y el temor a dioses oscuros recorren sus páginas, en una historia embriagadora, de principio a fin.









Canciones de un soñador muerto y La agónica resurrección de Víctor Frankenstein, de Thomas Ligotti (Valdemar Ediciones)

Thomas Ligotti ha vuelto el foco del horror hacia el ser humano, sumergiéndolo en atmósferas impregnadas del inconfundible sabor de nuestras peores pesadillas. Este volumen reúne la primera antología publicada por Ligotti en 1985, junto con la obra La agónica resurrección de Víctor Frankenstein, donde se reinterpretan los mitos universales de la literatura gótica.




Páginas desde el Averno, de Víctor Castillo (Dilatando Mentes Editorial)

Uno de esos libros imprescindibles para cualquier amante del género de horror. Un recorrido por la literatura de terror que inundó el mercado español en las décadas de los 70, 80 y 90, y centrándose en grandes maestros del género, como Graham Masterton,Poppy Z. Brite o Jack Ketchum. 







The Half-Freaks, de Nicole Cushing (Grimscribe Press)

Increíble lo que es capaz de plantear Nicole Cushing con esta novela que es, definitivamente, una carpa de rarezas, donde lo bizarro se mezcla con la comedia, y la inestabilidad mental del hombre es, sin duda, el peor de los horrores...








Los archivos de Van Helsing, de Xavier B. Fernández (Ediciones El Transbordador)

Los archivos de Van Helsing es una obra-homenaje al Drácula de Bram Stoker, aunque, va mucho más allá: monumental y ambiciosa, bebe de otras fuentes tales como los mitos lovecraftianos o el Frankenstein de Mary Shelley..., tejiendo, incluso, relaciones imposibles (verismo y ficción) que van un paso más lejos de las meras referencias que enriquecen a una obra novelada; además, casa las piezas de un puzle, que, teniendo en cuenta los fragmentos y la extensión del texto, aparentaba tedioso (de lo que no se salva "el episodio ruso") que legitima a la novela de Xabier B. Fernández como: una obra exquisitamente construida sobre el recuerdo del anti-héroe mítico, por excelencia, que es Drácula.

Monstruosas, de VV.AA. (Tinta Púrpura Ediciones)

Una antología completa que nos brinda la oportunidad de sumergirnos en los mitos de un modo nunca antes visto, con una reintepretación maravillosa de la monstruosidad femenina.


 

 

 

 

Las semillas que dejamos, de Lorena Gil Rey (Wave Books Editorial)

Un cántico a la libertad, al feminismo y a una madura reflexión social; todo ello, engarzado con el bellísimo tul de una ciencia ficción distópica, muy rica en elementos inherentes al género scifi. Es un claro homenaje a las ucronías -con aire fresco y renovador-, pese a su brevedad y aceleración argumentativa. 


 

 

Territorio Lovecraft, de Matt Ruff (Ediciones Destino)

Matt Ruff enlaza el horror atávico y cósmico creado por lovecraft, con el gen segregacionista que emana de una tierra hostil en la que los afroamericanos no son bien recibidos. Una búsqueda existencial -la de su protagonista, el soldado Atticus Turner-, por sobre un mundo que vaga en penumbras... Sabed, además, que Territorio Lovecraft se alzó como finalista en los Premios Locus del 2017, en categoría de Terror.

Windumanoth. Revista de género fantástico

Lo insólito te reclama...

Las siguientes editoriales colaboran enviando libros para reseña:

Apache Libros Editorial Cazador de Ratas Editorial La Biblioteca de Carfax Editorial Huso Editorial Insólita Satori Ediciones Wave Books Editorial

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