• "Bienvenido a mi morada. Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae." -Drácula
  • Sherlock Holmes, aquel que todos recordamos, poco o nada tiene que ver con lo sobrenatural. Mas, no es infrecuente enfrentar a Holmes contra lo extraño, lo mágico y lo inexplicable… He aquí algunas obras.
  • " Randall Flagg es, en resumen, un villano creado por Stephen King capaz de hacernos sentir cierta simpatía, y de conseguir que nos preguntemos, si es que nos atrevemos a hacerlo, qué porcentaje de villano hay en nosotros mismos."
  • "Si una idea —o algo más grande— se niega a ser desarrollada, hay que tratar de alterar el enfoque o incluso la forma: si no crece como una historia corta, puede ser un poema..."

miércoles, 7 de octubre de 2020

Trol - Luis Pérez Ochando: Donde nada es lo que parece

Afrontar el análisis de una obra que, a priori, vislumbras enlazada con una fabulación para niños, te lleva a adentrarte por entre su lectura con la característica ingenuidad que hace alusión a su forma externa, a su apariencia cutánea… ¡Craso error!, amig@s mí@s, porque Trol, ópera prima —en lo que a novela se refiere, editada por Ediciones El Transbordador— de Luis Pérez Ochando, nos retrotrae a la significativa evolución del paradigma más explícito de lo que es el Cuento: ese género literario que aparenta sencillez, pero, que no es sino una excelsa joya de la literatura que, durante su trayecto, ha ido caminando por el mundo perdiendo su filiación y su lugar de nacimiento para hacerse eterno; para, como diría Jodorowsky, desde su exposición fantástica orientarnos en valores que nos enseñen y ayuden a desenvolvernos por el horizonte de lo que por real tenemos. 

 —¿Es Trol fantasía oscura? —pregunto, ingenuamente a su autor. 

Y el enigmático escritor me deja caer un: —Algo así… 

¡Oh, amig@s, cuán engañada estaba! Trol es mucho más que un cuento: es un híbrido de lo Fantástico que se alimenta de miedos; miedo a la incomprensión, a la soledad…, en definitiva, miedo a lo distinto. Lo desemejante que, de la noche a la mañana, irrumpe por entre la aparente calma chicha de un hogar —fingidamente— consolidado. Un hogar con personajes que caminan hacia el abismo que conduce a un agujero: uno grande y negro y silencioso que es análogo a la topera por la que cae Alicia en su mundo inverso. Un mundo del revés en el que el lector de Trol se sumerge, acompañando a la protagonista, por entre los intersticios de una historia que, con una prosa armónica y rítmica, directa y colorida, conjunta el brillo del cuento con la profundidad metafísica que narra la soledad del monstruo; desamparo cuasi ontológico porque, desde inmemoriales épocas —ya con el Minotauro cretense—, los monstruos acechan al hombre, conviven con él y le provocan ese malsano y morboso regusto por aquello que se viste con anomalías físicas o psíquicas y que dará lugar a sus consecuentes representaciones fantásticas. 

Y es que, inmersos en nuestra cultura occidental —hermanada con una cosmovisión ético/espiritual—, no podemos desvincularnos de ese referente poderoso que nos ha llevado a emparejar el concepto de Monstruo con el de Maldad. Porque, preguntémonos tod@s, ¿somos, realmente, seres empáticos que tienden a una inexcusable sociabilidad y a cuidar de los suyos? ¿Sí?, ¿no? 

Ilustración de Brian Froud

En mi humilde opinión, creo que tod@s tenemos dos caras como el dios de las puertas, transiciones, finales y comienzos, Jano bifronte —Patulsius y Clusivius—, que no vienen sino a representar la bipolaridad de lo unitario: el bien y el mal, o la heroicidad y villanía que albergamos en el interior de nuestro portal anímico. Porque esto último —la maldad— también reside en nosotr@s... Sí, en tod@s nosotr@s. Y es ese Factor D el que nos impulsaría al abismo más oscuro y perverso en base al egoísmo, el sadismo, el maquiavelismo, el narcisismo o la malevolencia; en definitiva, a la figura de un malvado que en Trol se desdibuja —acaso asoma en los primeros compases— con preocupación y fingido candor, pero que, al final, como ocurre en El retrato de Dorian Grey, solo es un pigmento que desvirtúa los excesos. Excesos que emplea el extraño —que no el monstruo— para definirse, conocer su origen y su futuro; parámetros que la propia autora de Frankenstein, Mary W. Shelley, ya mostraba en su exposición de una humanidad menos insolente bajo la perspectiva de lo creado. 

“El mundo de los sueños contribuyó a elaborar la noción de un mundo irreal y espiritual, y generalmente todas las condiciones de la vida salvaje de la aurora de la humanidad condujeron hacia el sentimiento de lo sobrenatural de una manera tan poderosa, que no cabe asombrarse de cuan profunda está saturada del antiquísimo de la religiosidad y de la superstición.” 

–H. P. Lovecraft (El horror sobrenatural en la literatura

Si me permites, querid@ amig@, para terminar, te diría que Trol hay que leerlo y experimentarlo desde otra perspectiva… ¿quizás bajo una añeja ingenuidad? Sí, quizás, porque para degustar la terrible ambigüedad, el agazapado horror y la incuantificable desazón que genera en el interior de nuestro zaguán anímico, es preciso llegar a la topera de Alicia y voltearse para caer, de pie, en un mundo recto cargado de símbolos que adquieren presencias tangibles. El gran escritor de cuentos Michael Ende decía: “Muchas cosas no se pueden averiguar pensando, hay que vivirlas”

No penséis entonces, solo vivid, y vivid leyendo joyas literarias como Trol, para que su autor sea —cito al gran Óscar Wilde—: “aquel que todos leen y nadie conoce.”  

miércoles, 9 de septiembre de 2020

La Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror relanza su nombre histórico

Este lanzamiento busca promover el nombre histórico de la AEFCFT: «Pórtico», en desuso en los últimos años, con la finalidad de aplicar un término sencillo, identificable y cargado de historia, recuerdos e ilusión, alineándolo con una identidad visual adaptada a los nuevos tiempos de la asociación y de la ficción especulativa. Así pues, se ha diseñado un nuevo logo, por parte de Laura Soriano y L.J. Salart, que se asemeja a un portal como símbolo de todos los géneros englobados en la asociación: fantasía, ciencia ficción y terror. 

Igualmente, y desde el punto de vista técnico, la AEFCFT ha comentado que esta nueva identidad permite integrar distintas aplicaciones de la asociación, tanto de cara a sus publicaciones (las antologías Visiones, Fabricantes de Sueños y Sólo para Socios), como para sus actos o eventos (Hispacon), y para los diferentes premios que se otorguen (Premio Ignotus, Domingo Santos, Gabriel y el Matilde Horne). 

En palabras de Blanca Rodríguez, Presidenta de Pórtico:

«El nuevo logo fortalece la imagen de nuestra asociación, ofreciendo un concepto visual unificado, reconocible y moderno. Transmite con claridad la idea de una comunidad colaborativa en un mundo como el actual que se caracteriza por su enorme diversidad. Con él, en definitiva, queremos que todos los géneros literarios englobados en la asociación se vean representados». 

Un cambio que sirve para reinventar y perpetuar el cariño por esta asociación que tiene la nueva junta directiva, buscando potenciar y promocionar el género fantástico.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Estrellas rotas - Ken Liu (ed.): Lo maravilloso hecho palabra

Ilustración de Michael Reedy 

La ciencia ficción es un género literario que se ha ido consolidando a lo largo de los últimos cien años como un campo de visión de ideas, valores y creencias de las diferentes sociedades humanas. Se ha llegado a exponer como una literatura en proceso de ser, que se haya en el borde mismo de lo inimaginable, y donde se profundiza en las múltiples consecuencias de las innovaciones científicas, sociales y tecnológicas. 

Igualmente, y gracias a una amplia suma de interpretaciones sociales, se ramifican diferentes clases de ciencia ficción. Ya analizamos cómo la ciencia ficción antropológica (promovida por escritores como Úrsula K. Le Guin o Chad Oliver) sigue vigente y actualizada, al igual que otras vertientes, tales como la space opera o la ciencia ficción dura. A su vez, es más conocido el papel de otras culturas en este campo, permitiéndonos disfrutar de una visión diferente a la nuestra con respecto a la ficción especulativa. Por poner un ejemplo, PS Publishing editó una antología centrada en la narrativa especulativa australiana contemporánea (Dreaming in the Dark). 

Pues bien, gracias a la figura de Ken Liu, autor de la saga La Dinastía del Diente de León y promotor de la ciencia ficción china, se ha editado un nuevo volumen de ciencia ficción china actual, que reúne a una gran suma de escritores tanto noveles como consolidados en el panorama de la literatura china. 

Si con Planetas Invisibles (primer volumen editado por Ken Liu de esta serie) nos deleitaba con un cómputo de narraciones vertiginosas y sorprendentes, donde el folclore chino se hibridaba con los elementos más característicos de la ciencia ficción (donde se puede destacar historias como “La flor de Sazui” de Cheng Quiufan, donde asistíamos a un entorno cyberpunk para observar una tragedia emocional o “Cientos de fantasmas desfilan de noche”, de la doctora Xia Jia, que nos introduce en un mundo de fantasmas y espectros, pero sin olvidar el toque “tecnológico” a la fábula expuesta), en este segundo volumen, Estrellas Rotas, editado por Lee Runas, nos encontramos con historias únicas, que interpretan mitos, recrean la historia humana y perfilan temas diversos, desde la crítica social, el deseo de libertad, la búsqueda eterna del amor o la lucha contra la muerte. 

En Estrellas Rotas se hallan historias de extensión diversa, desde narraciones cortas hasta una novela corta del autor Baoshu (La redención del tiempo). Tras una introducción en la que Ken Liu presenta al lector lo que va a encontrarse en estas historias, es “Buenas noches, melancolía”, de Xia Jia, el relato que abre el volumen, y es una narración que refleja el espíritu que emana este volumen: una visión emocional, una alusión a la libertad y a la esperanza. En concreto, este relato nos traslada al propio pensamiento de Alan Turing (1912-1954), que se conectará con una narración situada en un futuro cercano, para profundizar en unos temas comunes; los cuales, pese al tiempo, siempre persisten. 

Liu Cixin, autor insignia de la ciencia ficción china, gracias a la Trilogía de los Tres Cuerpos, presenta un relato que juega con el análisis de las energías renovables, su empleo y utilización en un futuro próximo. "Luz de luna" es, quizás, el relato que más juega con la visión científica de la sociedad. Un relato más que singular e interesante por las preguntas que plantea y que expone al lector. Posiblemente su final sea demasiado abrupto y rompa con el ritmo establecido pero, pese a ello, es una historia más que curiosa de anticipación tecnológica. 

De esta visión, se puede mencionar relatos como "Los juegos del primer emperador", un híbrido con tintes cómicos, que se perfila en la China feudal y donde vemos los dilemas que se van planteando por la búsqueda de un videojuego único. Una historia con reminiscencias a “La máquina voladora” de Ray Bradbury, a la hora de narrarse y jugar con los estilos narrativos. Igualmente, Anna Wu deleita al lector con un relato que entronca entre la fantasía y la ciencia ficción: "El restaurante del fin del mundo. Potaje de Laba", donde se juega con la búsqueda del esplendor de la ambición, de lo que es uno mismo, y la maldición que puede haber al alejarse de tus ideales. 

Ilustración de Krzysztof Deoniziak

La antología también se adentra en temas como la capacidad de grabación del pensamiento humano y las consecuencias reinantes –"La caja cerebral", de Regina Kanyu Wan–. La visión del futuro social es permanente en todos los relatos, pero es Han Song quien más toca este aspecto a través de dos historias, "Submarinos" (una bella pieza que ahonda en las sombras de las jerarquías sociales) y "Salinger y los coreanos", una alegoría sobre el vaivén de la fama y el devenir político en una realidad paralela en la que Corea ha dominado el mundo y El guardián entre el centeno, de se convierte en la obra de culto del régimen totalitario, con consecuencias garantizadas. 

Chen Qiufan analiza un futuro también oscuro para la humanidad a través del relato "Historia de las enfermedades futuras", donde se asiste una singular paradoja temporal en el título, y que incluye una advertencia nefasta para el ser humano. Por otro lado, es en "El tren de año nuevo", de Hao Jingfang, donde se asiste a una clara reflexión sobre nuestra percepción del tiempo y de las vivencias. De lo que significan los momentos y situaciones, el ahora, para las personas. 

Como se puede llegar a apreciar, son varios los relatos que fabulan con los entresijos del tiempo, sin olvidar "La nieve de Jinyang", de Zhang Ran, una muestra del chanyue, centrado en los viajes temporales al pasado histórico de China, y con ciertos toques steampunk; sin embargo, es la historia de Baoshu, "Bajo una luz más halagüeña lo que ha pasado verás", una de las mejores que incluye este volumen. Se trata de una bella historia de amor, desde la infancia hasta el momento de la muerte, en la que asistimos a una historia invertida, pues los acontecimientos históricos se acontecen al revés, como la Segunda Guerra Mundial, la Revolución Cultural de Mao Tse Tung o los Juegos Olímpicos de Pekín. Una historia única e imprescindible. 

 Ilustración de Michael Topol

No podíamos olvidar a Fei Dao y su relato "El robot al que le gustaba contar trolas", quizás al mismo nivel que la narración de Baoshu. Una historia de búsqueda, de amor por la poesía y la esencia humana. Expuesto como una fábula (y que recuerda a “De cómo Ergio el Autoinductivo mató a un Carapálida”, de Stanislaw Lem), Fei Dao teje una trama de tintes más que fantásticos para narrarnos las epopeyas que deberá experimentar un robot por cumplir un curioso encargo que le hace su rey. 

Y, cabe mencionar el relato que da nombre a la colección: "Estrellas rotas", de Tang Fei, que vuelve a alejarse de los límites pautados de la ciencia ficción y bordear las aristas de la ficción especulativa. Esta narración comienza narrando una relación amorosa entre dos adolescentes para abordar temas como la elección del destino (como si de las nornas se tratase), pasando por la esencia misma del cuento de fantasmas y espectros, muy entroncada a “El fantasma de Canterville”. Una historia indispensable que emociona. Un relato que oscila entre la perversidad de su mundo mágico y la vulnerabilidad absoluta de la vida. 

El volumen presenta, además, un compendio de ensayos que aportan más luz al panorama de la ciencia ficción china: desde un recorrido histórico a través de las obras pioneras de esta vertiente, por parte de Regina Kanyu Wan, pasando por la reivindicación de la ciencia ficción china en múltiples campos, incluido el universitario, gracias a Fei Dao y Mingwei Song. 

Así pues, Estrellas Rotas es un acercamiento a otro tipo de ciencia ficción. Un homenaje a los clásicos del género y al folclore oriental, mas, en camino hacia una senda inédita dentro de la ficción especulativa. Una propuesta innegablemente maravillosa que hay que abordar lentamente, en bocados pequeños pues, es justo y necesario degustar cada pieza de forma única e individual. 


Ilustración de Devin 一坡 

viernes, 14 de agosto de 2020

Tóxikas - Pilar Pedraza: Fragmentos de carne inerte


Antes de nada, me permitirás, querido lector, un más que necesario inciso de lo que, genésica y cerebralmente hablando, ha supuesto —para mí— la lectura del último libro de la gran escritora Pilar Pedraza, Tóxikas —editado por Cazador de Ratas Editorial—: antología compuesta por una docena de relatos en donde la carne degenera en algo terrorífico, cuasi monstruoso —de manera extremadamente gráfica en unos; en otros, ligeramente intuida— en base a la libertina impunidad y complacencia que nos trae la cotidianidad. Pues bien, diré que, aunque manchega, soy de ancestros valencianos; de aquellos huertanos que trabajaban la y con la tierra, ganándose el sustento con aquello que la almunia gustaba de ofrecerles: ora patatas, ora plátanos, ora ciruelas…, y de los que, con denodado esfuerzo y sacrificio, emigraron a la gran meseta castellana para labrarse un porvenir montando un pequeño tenderete en el Mercado Central de Tomelloso. 

Y allí, entre el olor de la fruta madura y el vergel viviente de las acelgas y escarolas, conocí a una de las heroínas de mi vida: mi abuela, la Gregoria, la que me hacía un camastro con cuatro cajas de madera —que olían a vega— previamente forradas con papel de periódico —por el tema de las astillas— y con sacos de arpillera de las patatas «de a veinticinco kilos»; una cama resultona que era la envidia del resto de tenderos que la alentaban, diciéndole: «Gregoria, cuando puedas ¡otra para mí!». Y frente al puesto de fronda de Gregoria, el del Francisquito, el carnicero, con sus piernas de cordero bamboleándose al aire caliente de la mañana, con sus pollos descabezados, sus conejos destripados y sus cabecitas de puerco —con ojillos entornados y largos orejones— asidas en los garfios del matarife: golosinas de carne cerosa y sonrosada. Y dirás, querido lector, toda esta digresión ¿para qué? Muy sencillo: leer el contenido que encierran los relatos de Tóxikas me ha arrastrado —como en déjà vu— a esa infancia tierna de texturas sensitivas —visuales, táctiles, pero sobre todo olfativas— que creía jamás escaparían del baúl de la memoria no destacable de mi cerebro. A la vista está que me equivocaba… y es que Tóxikas se saborea, se huele, se palpa, porque de eso va: un compendio de relatos que podrían tildarse de costumbritas y fantásticos —se mecen por entre las turbulentas aguas de un hiperrealismo (untuoso y ocre, con olor a sangre) y de lo supernaturāle—, protagonizados por una mujer, Carmen Posa, en un plano marcadamente real: el Mercado Central de Valencia. 

Arte conceptual de Grasshopper Manufacture Inc.

Relatos que albergan el resabio que tiene su autora por la mitología clásica —en una cita o en forma de alusión escueta y sibilina (templada)— y por lo propio del fantástico que se hilvana, con cada relato, de forma verosímil, natural y acompasada, haciendo de esta colección una pieza irregular «costumbrista/fantástica» que llega —en algún que otro momento— a semejar un teatro valleinclaniano de lo grottesco y lo absurdo; una función orlada por candilejas hechas con carne, sangre y vísceras que, a modo de horror vacui, decoran las cornucopias de metacrilato, hierro y papel de estraza del gran proscenio que es el mercado; mercado que, en su animalidad, se vuelve teriomórfico: un bestiario muerto —o que a ello se presta— engarzado por los férricos grilletes de una brutalidad justificada ante el acto natural y carnal —casi orgásmico— de comer, deglutir, zampar…; en definitiva, de saciar la desmedida gula de una amígdala, toda ella límbica y reptiliana, que aspira al poder; porque tal que eso es la carne: vida, vigor y sexo —si no, que se lo pregunten a los Aghoris—, y que, cuando es consumida, acarrea todo un ritual atávico de ferocidad, aniquilación y destrucción de lo que se deja coger, de lo que se deja matar…; en resultas: de lo que consideramos de sustancialidad inferior a la nuestra —y qué bien viene aquí la disposición estética de nuestra pirámide alimentaria—. En definitiva, Pilar Pedraza, con su singular estilo, ágil y directo, hace de la excepcionalidad de Tóxicas algo extraordinario: vindicación, traumas y remembranzas al pasado de una protagonista muy particular…, la que goza y aborrece, a partes iguales, la Cultura de la Carne

Conclusión: Porque para encontrar la luz hay que entrar en la oscuridad, te diría, mi querido lector, que ingreses en la opacidad bermeja de Tóxikas: oda al connatural egocentrismo, discriminación —categórica— e inmundicia que se desprende de lo que se tiene por humano

Ilustración de Michael Reedy

Windumanoth. Revista de género fantástico

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